* Si no hubiera violencia, Guerrero sería otro
* Tuvimos el mejor año en materia turística
* Desarticuladas 16 bandas de secuestradores
JORGE VALDEZ REYCEN
Los fenómenos de violencia e inseguridad han opacado avances históricos y récords inéditos en materia económica, turística e inversión federal en años.
Esta conclusión, que no sirve de consuelo, pero cuenta mucho para iniciar un análisis mesurado de que Guerrero ha tenido un crecimiento económico sostenido como nunca en su historia. Jamás había obtenido el tercer lugar nacional en el dinamismo de creación de fuentes de empleo formales y crecimiento económico en inversiones privadas por arriba de los cinco mil millones de pesos, en 16 meses de gobierno.
Si ubicamos a la entidad en el punto de partida del 28 de octubre del 2015, cuando Héctor Astudillo Flores asume la gubernatura en medio de un clima de incertidumbre, zozobra financiera, sin liquidez –o sea, sin dinero para quincenas ni aguinaldos—, era una tormenta perfecta a la que iba directamente el nuevo gobierno priísta, como herencia de administraciones anteriores emanadas del PRD y partidos aliancistas.
Astudillo revirtió en ese primer año los pronósticos adversos y francamente imposibles de sortear, al grado de informar pasivos y deudas dejados al gobierno por más de 14 mil millones de pesos. Un desastre financiero total, con tufo a corrupción y enriquecimientos ilícitos.
Guerrero tenía suficiente con sus penurias, para endilgarle más escándalos de corrupción y persecución de exfuncionarios ladrones. Se prefirió un plan de 20 compromisos por la austeridad y el desarrollo, la renegociación de deudas y un riguroso control presupuestal, pero aunado a ello llegó la inversión federal en obras de gran calado social. Tuvimos cada semana la presencia de secretarios de Estado entregando recursos. No hubo fin de semana que no estuvieran hasta dos o tres miembros del gabinete presidencial en el estado.
Todo el año 2016 fue de operar, resarcir, componer, restaurar, enmendar, replantear y crecer en el enorme potencial minero, turístico, agrícola, y fomentar la cultura del emprendedor con créditos y microcréditos. Así se llegó al primer trimestre histórico nunca antes visto en desarrollo económico, que hizo a muchos arquear las cejas y preguntarse: ¿Cómo le hizo Astudillo?
Las claves que se advierten son sencillas: no se peleó con nadie; aglutinó a todas las corrientes de políticos, los sumó bajo la premisa “Guerrero nos necesita a todos”; afianzó una relación respetuosa y directa con el presidente Enrique Peña Nieto y obtuvo el respaldo total.
Con audacia introdujo el tema de la legalización de la amapola y mariguana con fines medicinales, como laboratorio para despresurizar afanes y ambiciones que motivan reyertas sangrientas entre grupos delincuenciales por el trasiego y venta de opiáceos. Tema que será crucial en mediano plazo.
Pero Guerrero sigue dependiendo del turismo y había que dedicar todo el esfuerzo institucional a su relanzamiento, llevando como estandarte a Acapulco. Y los resultados han sido asombrosos.
En combate a la delincuencia las cifras se han perdido por la avalancha de sucesos violentos. La desarticulación de 16 bandas de secuestradores, otras más de extorsionadores y de ladrones de automóviles han sido opacadas por otro delito: el homicidio doloso, de alto impacto.
Guerrero sería otro sin ese balance de violencia. Es lo que resta méritos, disminuye la percepción de ese crecimiento económico nunca visto, desmotiva al empresariado y lo convierte en un ente escéptico.
Si Astudillo hubiera optado por otros caminos de la persecución a corruptos, reñir con políticos, centralizar el poder y no buscar el apoyo presidencial, por prurito o soberbia, Guerrero sería un escenario indescriptible, condenado a peores niveles de vida y sufrimiento.
Van 16 meses de gobierno astudillista, y pareciera que fueran 3 o 4 años. De ese tamaño es el desgaste.
Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.
