Pausa Morena la elección de coordinadores

Reza el dicho que en la política mexicana las casualidades no existen. Y este ASOLEADERO agregaría otro: que la famosa disciplina partidista se acata tragando gordo y sonriendo para la foto.

En Morena acaban de regalarnos una joya del pragmatismo de manual: posponer la entrega de los resultados de las encuestas para elegir a sus coordinadores estatales —y futuros candidatos a las gubernaturas de 2027— hasta después del Segundo Informe de Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum. El pretexto oficial suena algo así como republicano: “mantener la unidad y arropar el mensaje presidencial”.

La versión traducida al cristiano es bastante más práctica: nadie quiere en Palacio Nacional que la fiesta del Informe se le llene a la presidenta Sheinbaum de invitados haciendo berrinche o pateando el pesebre en cadena nacional.

Poner la batahola electoral en la congeladora durante unas semanas parece un movimiento astuto en la estrategia morenista, pero podría ser sumamente peligroso en algunas de las entidades de provincia donde el alboroto político por las candidaturas ha subido de tono. Porque mientras la dirigencia nacional en la Ciudad de México pide calma y sonrisas para la foto colectiva, en algunos estados el vapor de las ollas de presión amenaza con botar las tapas. Y si hay un lugar donde la tapa no solo está floja, sino que ya cruje con fuerza destructiva, ese es el estado de Guerrero.

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El aplazamiento de las encuestas en Guerrero requiere un análisis no tan simplista. Aquí, hay que recordarlo, la política no se juega con buenos modales; se juega con el cuchillo entre los dientes. Con al menos 17 tiradores levantando la mano dentro de la coalición oficialista, pretender que todos van a guardar la compostura hasta que pase el informe presidencial es pecar de una ingenuidad casi poética.

“Pedirle disciplina a un político guerrerense es como pedirle a un huracán que respete las señales de tránsito”, podría decir, sin temor a equivocarse, un analista conocedor del temperamento de los próceres surianos.

El meollo del asunto en Guerrero tiene un apellido con mucho peso y bastante metralla política: Salgado. La sombra del nepotismo flota sobre la entidad como una densa neblina. Por un lado, la regla estricta impulsada desde el centro contra la sucesión familiar directa le frena la puerta de entrada a Félix Salgado Macedonio para heredar el puesto de su hija Evelyn. Pero por el otro, el “Toro sin Cerca” no es precisamente un personaje famoso por acatar llamadas al orden sin negociar algo a cambio.

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¿Qué provoca este impasse de la encuesta en el escenario guerrerense?

Tres efectos inmediatos y con dosis alta de veneno:

1. La guerra de guerrillas por debajo de la mesa: Al congelar el reloj oficial, lo único que logra la dirigencia es prolongar la guerra sucia. Las filtraciones, los señalamientos cruzados y las campañas de desprestigio no se van a detener; al contrario, se intensificarán al amparo de la sombra mientras no haya un veredicto definitivo.

2. La fuga por las puertas traseras (PT y PVEM): La regla antinepotismo aplica para las siglas de Morena, pero los aliados estratégicos del PT y el PVEM observan el banquete con la boca abierta. Si en Morena le cierran el paso a los grupos de poder tradicional, la tentación de cruzar hacia enfrente y rentar las siglas de la chiquillada para consumar la candidatura estará más viva que nunca. Mantener la indefinición solo da margen para que se cocinen rebeliones en la sombra.

3. La parálisis de un estado sumergido en la efervescencia política: Mientras los morenistas se dedican a medir fuerzas y esperar a que pase septiembre para ver quién se queda con el pastel de 2027, Guerrero atraviesa momentos críticos en materia de seguridad y con una gobernabilidad en riesgo. El vacío que deja una contienda interna no resuelta termina por fracturar más a la administración estatal, dejando a la ciudadanía atrapada entre la violencia cotidiana y el descarado cálculo electoral de sus políticos.

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Gobernar el caos siempre ha sido una especialidad de la casa en el partido guinda, pero apretar demasiado la olla de presión en estados donde la política está casi en permanente ebullición puede resultar un tiro por la culata. La dirigencia de Morena compró un poco de paz para que la Presidenta luzca impecable en su informe. Es un cálculo lógico.

Sin embargo, el costo de esa tregua cosmética podría terminar cobrando una factura alta: para cuando decidan destapar la bendita encuesta —previsiblemente en noviembre—, en Guerrero lo más probable es que no van a hallar aguas tranquilas, sino un maremoto político de pronóstico reservado. Ya veremos si para entonces al ‘dedazo’ —disculpen, el “método científico de selección”— le alcanzan los extintores para sofocar el incendio.