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jueves, 2 febrero , 2023

Mamás y el espacio público – Marisela Reyes

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Marisela Reyes*

 

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Desde 1922, en México se celebra cada 10 de mayo, el Día de la Madre; sin duda se trata de una de las celebraciones más arraigadas en todo el territorio nacional, cuyo objeto sigue siendo poner en el espacio público la idea de que el rol “natural” y principal objetivo de las mujeres es, en primer término, la  procreación y, luego, la crianza y la educación de los hijos, tarea que se sustenta desde el “amor incondicional, la abnegación y el sacrificio”.

La celebración, iniciativa de Rafael Alducín, director fundador de Excélsior, tuvo su origen hace 94 años, como una medida política para contrarrestar al movimiento feminista surgido en el estado de Yucatán, tras su  Primer Congreso, en el que entre otros temas se planteó la necesidad de ver a las mujeres como sujetas de derechos sobre su cuerpo y su vida, capaces de decidir cuántos y en qué momento tener a sus hijos. (Acevedo: 1982).

Durante casi un siglo, el mito de la maternidad se ha convertido en términos de Martha Lamas, en uno de los cautiverios de las mujeres, pues las madresposas se encuentran privadas de autonomía vital, independencia para vivir, de gobernarse a sí mismas y de la posibilidad de escoger y decidir de hechos fundamentales en su vida y el mundo, sobre todo si tomamos en cuenta que el ser madre se ubica fundamentalmente en la esfera privada, que termina por limitar particularmente a las mujeres en el espacio público, desde donde se construye la ciudadanía.

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A cambio, las mujeres madresposas han recibido la admiración personal e institucional por su “amor incondicional”, abnegación y sacrificio en la crianza y educación de los hijos, obligándolas a ocultar los sentimientos encontrados y excesos en el ejercicio de su función.

No obstante, la idea de que el valor social más importante de la mujer es ser madre, resulta cada vez más difícil de sostener ante realidades específicas que demuestran que procrear y criar a los hijos se ha convertido en uno de varios roles que las mujeres realizan desde el espacio privado y público y que combinan con actividades que permiten su desarrollo personal y profesional, aun cuando esto signifique doblar y triplicar sus jornadas laborales.

De acuerdo a datos del INEGI, en México 7 de cada 10 mujeres son madres, en tanto que las mujeres con hijos representan el 73% de la fuerza laboral, aun cuando éstas ganan menos que sus compañeros varones por trabajo similar.

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En Guerrero, según el Censo de Población y Vivienda 2010, existen 216 mil 879 hogares con jefaturas de familia femenina, es decir, por mujeres que son o constituyen la principal fuente de ingresos económicos de hogares que en la mayoría de los casos están compuestas por 4.2 habitantes; mientras que los hogares en donde el varón sigue siendo el principal proveedor es de 588 mil 357.

En tanto que la tasa global de fecundidad (hijos por mujer) es de 2.91, porcentaje que se eleva exponencialmente entre las adolescentes de entre 15 y 19 años; es decir mujeres que al menos en teoría cursarían la secundaria o preparatoria, en donde la tasa de fecundidad se dispara hasta el 69.18, ubicando a México como el país de la OCDE con la tasa más alta de embarazos en mujeres adolescentes.

Al respecto Save the Children México, revela en su último informe que el país que menos incentivos provee a las mujeres para ser madres es México, siendo Guerrero el segundo estado más desfavorable para desempeñar dicho rol.

Una encuesta aplicada a 14 de 18 diputadas de la LXI Legislatura del Congreso local—cuya representación política de mujeres es la más alta en toda historia político-electoral del estado—, revela que 57% de las diputadas encuestadas tuvo su primer hijo entre los 25 y 34 años de edad, es decir cuando su formación profesional había concluido y solo una fue mamá a los 15 años.

De las doce diputadas que son mamás del total de las encuestadas, tres expresaron haber postergado su maternidad por su desempeño profesional; en tanto que 36% de ellas, reconoció que existen obstáculos que dificultan combinar su maternidad con su desempeño profesional e identifican entre éstos la falta de tiempo “suficiente” para atender a sus hijos, falta de guarderías y un ambiente político hostil.

Menos de la mitad de las legisladoras que son madres dedican 2 o más horas del día al cuidado y atención de sus hijos, mientras que el 36% de las encuestadas no dedica tiempo a la crianza de sus hijos; el promedio de hijos por legisladora es de 1.6, por debajo de la media nacional. La manutención de los hijos de las legisladoras guerrerenses es una responsabilidad compartida con sus esposos o parejas sentimentales en su mayoría, pues solo dos de las encuestadas, lo que representa el 14% del total, son jefas de familia.

El mismo ejercicio fue replicado entre las madres trabajadoras del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Guerrero (IEPC-Guerrero) encontrándose los siguientes resultados: de un total de 47 encuestadas, 62% tuvo su primer hijo a los 25 años o más; 83% cuenta con licenciatura y/o posgrado, solo una tiene educación primaria, mientras que el resto tiene educación media superior o es pasante de licenciatura.

Las mamás del IEPC-Guerrero tienen en promedio 1.8 hijos, por debajo de la media nacional y estatal, se trata en su mayoría (56%) de menores de nueve años o menos; en tanto que solo un 8% de las encuestadas tiene hijos que superan los 30 años.

En cuanto a los obstáculos que enfrentan en su desempeño como madres y a la vez trabajadoras de este órgano electoral, destacan la falta de tiempo suficiente para atender a sus hijos por las largas jornadas laborales que hay que cubrir particularmente durante los procesos electorales y la falta de apoyo familiar o institucional que les facilite el cuidado de los niños, en especial para el 28% de las trabajadoras que son jefas de familia.

En ambos casos, legisladoras y trabajadoras del IEPC-Guerrero coincidieron en señalar que tener horarios flexibles para quienes son madres les facilitaría llevar la crianza de los hijos, además de contar con redes de apoyos institucionales o familiares.

En este contexto, el Estado y sus instituciones estamos obligados a generar las políticas públicas y administrativas necesarias para incentivar la tarea de ser madres y padres responsables e integrales, que atiendan a un rol más flexible, alejado del cautiverio de lo privado; un rol autónomo y gobernado por quienes lo desempeñen; sin duda, el reto es grande: atiende a la construcción de ser mujer, madre y ciudadana de manera simultánea  y en equilibro.

*Consejera presidenta del IEPC-Guerrero.

Madre de dos hijos y futuros ciudadanos.

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