David Martínez Téllez
La innovación deslumbró a la sociedad académica nacional con la creación de los Colegios de Ciencias y Humanidades. El poder de la información se trasladó del profesor biblioteca al alumno lector.
En esa metamorfosis educativa inicia lo que hoy conocemos como debate, es decir, confrontación de ideas, conceptos, categorías. Antes era imposición del educador sobre el educando.
El inicio de la década de los 70 coincide con un gobierno con características de populista. Posterior a la masacre estudiantil del 68; de alguna manera esta nueva manera de enseñanza-aprendizaje responde a las exigencias de libertad que exigieron los jóvenes.
El creador e impulsor de los CCH es Pablo González Casanova en 1971 (quien en estos días cumplió 100 años de vida). Desde otra perspectiva es otra solución a la demanda de crecimiento educativo en la juventud. Las preparatorias ya eran insuficientes ante el enorme mercado de futuros profesionistas inclinados hacia un sentido humano, técnico y empresarial.
El nuevo bachiller dejó de escuchar al catedrático, y, ambos se vieron obligados a precisar sus fuentes y sus datos, con ello comenzó a nivelar la calidad de información del alumno. Dejó la pasividad para convertirlo en activo. Escuchaba al profesor, pero también participaba para exponer otra visión de los sucesos, sustentados con argumentos, con lecturas.
Este egresado del CCH se inscribió en las licenciaturas y tumbó la pasividad de recibir información a cambio de un intercambio de ideas. El catedrático-librero de notas y de repetir casi lo mismo en sus clases fue orillado a actualizarse.
El nuevo joven estudiante además de escuchar la cátedra, preguntaba y participaba. Ya no era una silla o un pupitre más en el salón de clases. Se atrevía a exponer su posición académica, ideológica y hasta política. Le inculcaron el hábito de la lectura y el enorme poder de pensar. Inició la etapa de la investigación documentada.
Un bachiller o estudiante de preparatoria se encuentra entre los 16 a 20 años de edad. Todo por delante.
Para fortalecer aún mas esta actividad académica denominada activa se impulsó la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana,cuya característica primordial se basa en dos cuestiones: investigación y el sistema modular.
Desde el inicio de la carrera (tronco común) se le dota al estudiante de habilidades para realizar trabajos de investigación. Un proceso que en otras universidades (públicas o privadas) se reservan hasta el último año. La UAM prepara para la investigación durante 4 años y las “otras” un año. La diferencia es abismal; no solo por el tiempo sino porque los docentes de la metropolitana se encuentran sumergidos en la investigación. Los otros profesores en dar clase.
El sistema modular consiste en aprovechar el tiempo en dos, y cuando mucho, tres materias en un lapso de tres meses con un horario de tres o 4 horas en tres días semanales. De manera paralela se realizan prácticas de taller. Combinan lo que denominan teoría con la práctica.
La gran mayoría de profesores de la UAM no son solo repetidores de libros, sino que se encuentran vinculados con áreas profesionales. En este trance están obligados a actualizarse.
Los dos proyectos {CCH y UAM} te disponen a reflexionar en un proyecto de vida, porque ya tienes las herramientas necesarias y vitales para adquirir responsabilidades. La mayor de ellas es la propia vida y el futuro personal, profesional y, en algunos casos, hasta comunal.
La gran llave para encontrar otras soluciones ante una dificultad particular, mental, privada o pública es la lectura.
