Por R. Salgado Leyva

Durante décadas y a través de prácticas sobre reglas no escritas habíamos observado cierta anticipación de campañas políticas; sin embargo, hoy estos ejercicios nocivos para la democracia han iniciado una ruta exageradamente precipitada.

Pecaríamos de ingenuidad si no pudiéramos explicarnos las causas o motivos que han inspirado a decenas de personajes políticos exhibiéndose en sendos y costosos carteles y desplegados que hacen innecesaria ostentación de su encargo, o que pretenden ser reconocidos socialmente ante la ausencia de un evidente desarraigo; muchos otros que pretextando la rendición de Informes sobre su gestión como representantes populares dilapidan recursos en faraónicos eventos, en amplias páginas publicitarias y en otros instrumentos de comunicación masiva.

Es lamentable que estando en delicados momentos para una  próxima toma de decisiones presupuestales a nivel federal, se eluda la atención y preocupación y estemos entretenidos en la búsqueda prematura de posiciones políticas a futuro, denotando una desenfrenada ambición de buscar el poder solo por el poder mismo.

Estamos ante la inminencia de la aprobación de los presupuestos federales a estados y municipios y si no reaccionamos con energética oportunidad para reclamar un trato justo para la entidad,  estaremos lamentando haber dejado de hacer y afrontaríamos una realidad extremadamente complicada.

No es momento para distracciones políticas; si estamos mejorando en los niveles de violencia, si las cifras de la criminalidad han ido a la baja, si se ha mantenido con grandes esfuerzos la paz social que vive el estado, pues no se debe bajar la guardia y convertirnos en activos coadyuvantes para que el Ejecutivo del estado pueda mantener los mejores márgenes de gobernabilidad.

Independientemente a las desbordantes y a veces injustificadas aspiraciones, los tiempos actuales reclaman y exigen de severos actos de conciencia; gobernar en tiempos difíciles, cuando la economía del país parece incierta, cuando las entidades federativas y ayuntamientos atraviesan por severas crisis económicas por endeudamientos o abusos en el manejo de recursos, cuando la pobreza y la marginación continúan representando un grave estigma social, cuando los asuntos de inseguridad, violencia y otros aun parecen lejanos de liquidar, no puede pensarse ni dedicar tiempo en distracciones inútiles e inoportunas.

La situación social, política y económica  que vive el estado, los delicados y enormes desafíos que nos presenta nuestra grave y ancestral problemática, hace exigente y sumamente indispensable la presencia de personajes en el servicio público que cuenten con perfiles profesionales bien definidos, con amplia y reconocida honorabilidad ciudadana y con una profunda conciencia de honradez, disciplina y compromiso; la improvisación, la deshonestidad, la soberbia, la indolencia y la proclividad al engaño y a la mentira deben estar proscritas de manera definitiva en la delicada función del ejercicio del Gobierno, en aras de brindarle  a la sociedad mayor confianza y certeza en sus Instituciones.

La auténtica democracia debe prevalecer mediante el requerimiento de partidos políticos fuertes, con credibilidad ciudadana y con alta responsabilidad en la  designación de dirigentes y candidatos que cuenten con limpia y transparente idoneidad moral, social y política y con  la presencia de instancias electorales altamente confiables, que sancionen el abuso, el exceso en los gastos y la inadmisible tolerancia de permitir campañas anticipadas disfrazadas con pretextos insanos.

Aunque 2021 aun esta distante, sería muy lamentable ir a un proceso sumamente delicado con leyes y reglamentos electorales que reclaman de una profunda revisión legislativa; el pasado proceso evidenció innumerables omisiones y excesos, ante la falta de equidad, el uso excesivo de recursos, la intromisión de fuerzas extrañas, etc.

Esperemos que los comportamientos institucionales, partidistas y de todos los ciudadanos, se ajusten a los criterios de civilidad y transparencia; pero sobre todo, de profundos actos de conciencia de los personajes que aspiran a los espacios de representación popular, para evitar profundizar en el nebuloso y a veces incierto rumbo del ambiente electoral.