Isidro Bautista

Los actos de informe de labores de los legisladores no han tenido el alcance mediático que quizá ellos se hayan trazado como meta entre los votantes porque han sido percibido, indudablemente, más con fines de promoción personalizada.

Han sido vistos como estrategia simple de buscar posicionamiento político, justo cuando ya ha aumentado la ola de comentarios o especulaciones en torno a la postulación de los candidatos particularmente al cargo de gobernador.

Han aglutinado al número que seguramente han deseado de espectadores con una larguísima lista superior de tareas realizadas en y desde la sede de sus congresos camerales sin que ninguna haya despertado interés más allá de lo normal.

El problema que bien pudieron haber levantado como la bandera más visible desde los cuatro puntos cardinales, los que ya efectuaron esos actos, pudo haber sido el tema del posible recorte presupuestal 2019 para Guerrero en la forma como lo desea un pueblo harto de la pobreza y la marginación histórica en que ha permanecido sumido, a pesar del paso de gobernantes de todos los colores.

¿No es posible que haya sido el gobernador Héctor Astudillo el servidor público visto con más preocupación por ese asunto, como si anduviera solo en el desierto?

Con un recorte le iría peor a todos, a todos. Si hoy de por sí no hay más empleos, mañana, menos, y muchos caerían, por necesidad, en las garras de la delincuencia.

No repercutiría únicamente en los tres poderes públicos sino hasta en la sociedad civil, porque también se desplomarían aún más las ventas en productos y servicios de la iniciativa privada.

Podría uno pensar, de manera específica, en que los gobiernos, estatal y municipales, tendrían que recurrir a recortes de su personal.

La verdad sea dicha, sin ningún viso de mala fe, que hasta el momento no se ha observado a ningún senador ni diputado federal, ni a un diputado local, o presidente municipal, con un rostro de coraje por la amenaza de la tijera.

A nadie, excepto al gobernador, se le ha visto pugnar por el no recorte con agallas, de tal modo que sea percibido como un verdadero aliado o defensor de los intereses o el sentir de la mayoría o, ¿por qué no decirlo?, de todos los guerrerenses.

Y faltan más legisladores por utilizar ese tipo de eventos como aparador, con el que no engañan a un votante que está más despierto de lo que creen. Habrá que admitir que el que más ha llamado la atención ha sido el senador Félix Salgado Macedonio, que aglomeró a más pueblo que clase política, y en un mayor número de asistentes.

Por eso el presidente Andrés Manuel López Obrador, desde el municipio de La Unión, celebró el hecho de que Guerrero tenga “un buen gobernador”, y que por lo tanto, haya asumido el compromiso de que este estado tendrá “atención especial” de su administración.

No puede concebirse que por tener Guerrero a un gobernante de un partido distinto al del presidente de la República se le pueda recortar el presupuesto para casi asfixiarlo, sin hacer las acciones y otras materiales que reclama su pueblo, con tal de cumplir el dicho de quítate porque ahí te voy.

Lo mismo presidentes municipales y legisladores que sociedad civil deben patalear, o sumarse a la lucha emprendida desde los cauces institucionales por el no al recorte. Acciones de protesta o de presión como las dadas a conocer este miércoles por la Universidad Autónoma de Guerrero deben asimilarse.

¿Dónde están las asociaciones civiles, los grupos organizados, las cámaras, los colegios o las organizaciones como las campesinas, ante esta situación? o ¿levantarán la voz hasta que sienten el agua en el cuello?

Ya alguien por ahí había advertido que Guerrero es un como un barril de pólvora, y que por el problema del fertilizante suscitado hace un par de meses, podría ocasionar un estallido social, debido a las condiciones de pobreza en que lo han sumido por lustros y más lustros, ante tantas pillerías de gobernantes, que hoy deberían ser compañeros de cárcel de Rosario Robles o de Javier Duarte. isidro_bautista@hotmail.com