Por Pancho Naranjas

panchonaranjas@outlook.com
WhatsApp: 747 2264444

Una verdadera tormenta mediática se ha desatado tanto en las redes sociales –fundamentalmente Facebook y Twitter— como en los medios de comunicación tradicionales –prensa, radio y televisión— a raíz de la trágica muerte, todo indica que por suicidio, del músico y periodista Armando Vega-Gil. Como seguramente ya es del conocimiento de ustedes, estimados lectores, el conocido músico escribió una carta póstuma, que hizo pública en su cuenta de Twitter, en la que anunciaba su decisión, como se dice poéticamente, de escapar por la puerta falsa, es decir acabar con su vida, tras haber sido acusado de un presunto abuso sexual por una chica que, cuando habría sucedido el hecho, años atrás, contaba con 13 años de edad.
Este suceso –la acusación, anónima por cierto, y la decisión de arrancarse la vida colgándose de un árbol por parte de Vega-Gil anunciándola públicamente, y las motivaciones que esgrimió— ha encendido un debate público que alcanza niveles de escándalo. Pero, ¿usted, estimado lector, qué opina? Si quiere que esta columna publique su opinión sobre este tema, escríbame al correo electrónico que aquí pongo a su disposición, o bien mándeme su punto de vista a través de un whatsapp, al teléfono que aparece arriba.

VICENTE FOX: MARIGUANERO Y EN PIYAMA

En la capital mundial del juego, en Las Vegas, Nevada, se realiza en estos días un evento que reúne a todos los simpatizantes de la mariguana: los que la consumen, los que la venden, los que quieren venderla, y todos aquellos que abren el pico para opinar sobre el tema. Uno de los asistentes es el inefable Vicente Fox Quesada, sí, aquél vaquero con botas que con sus discursos contra las tepocatas y otras alimañas hizo güeyes a millones de mexicanos que lo eligieron presidente de México hace ya casi 19 años. No hay tos en que Fox vaya a donde se le pegue la gana y hable cuanta barbaridad se le ocurra, pero es francamente imperdonable que se exhiba públicamente en piyama. Sí, leyó bien: en piyama.
Así lo captaron en el restaurante del hotel de Las Vegas donde se hospeda –que no es de los más baratos—, luciendo un pantalón de dormir azul con bolitas blancas. ¡Fachoso, el marido de doña Martita Sahagún!

AUSTERIDAD E HIPOCRESÍA

Hace unas semanas, el ex simpático senador de la República por Guerrero, Félix Salgado Macedonio, de Morena, tuvo la ocurrencia de subir a su cuenta de Twitter la foto del minúsculo baño del modesto hotel en el que, asegura, acostumbra hospedarse en Ciudad de México cuando tiene que ir al Senado a sesionar. Le cobran 200 pesos por noche, según lo confesó en la misma red social. Lo hizo, obvio es decirlo, para hacernos creer a los ciudadanos que dormir en hoteles baratos, no malgastar en hospederías de lujo o en departamentos con todas las comodidades, es congruente con su discurso a favor de la austeridad republicana y que eso le da calidad moral para exigir a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, funcionarios públicos de toda laya que ganan un salario mayor al del Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, a que se bajen el sueldo, con la amenaza de que va a promover desde el Senado de la República la destitución de los ambiciosos vulgares que desde cargos públicos se llenan las alforjas con sueldazos de miedo y se transportan en vehículos que cuestan cientos de miles de pesos. Pero, ¿saben qué?, don Félix nos ha dejado con el ojo cuadrado: anda montado en una motocicleta de la marca Harley Davidson que vale la friolera de ¡más de medio millón de pesos!
Es cierto que el señor Salgado Macedonio tiene todo el derecho de gastarse su dinero en lo que se le dé su regalada gana, pero que no nos quiera ver la cara de imbéciles con su hipócrita discurso de que hay que ser austeros y que pone el ejemplo durmiendo en hoteles de miserables 200 pesos la noche, a un lado de las habitaciones donde se escuchan los gemidos de prostitutas trabajando para ganarse la vida. ¡No nos joda, senador!

OTRA QUE NO CANTA MAL LAS RANCHERAS

Y hablando de las cosas sorprendentes de la política, la otra legisladora –también de Morena— que representa al estado de Guerrero en la llamada Cámara alta, la señora Nestora Salgado García hace unos días hizo acto de presencia en un acto público que congregó a la mal llamada clase política en dos camionetas Suburban (blindadas, faltaba más) y rodeada por al menos seis guaruras. Enfundada en un apretado pantalón de mezclilla y con el garbo que la caracteriza, doña Nestora no quiso pasar desapercibida e hizo su entrada al lugar del evento que ya hubiera deseado la bella Cleopatra en sus buenos tiempos.
Seguramente lo saben quienes nos hacen el favor de leernos, doña Nestora, que nació en la bella y artística Olinalá, en la Montaña de Guerrero, joven se fue a los Estados Unidos de Norteamérica en busca del sueño americano y seguramente se le escapó de las manos porque regresó a su tierra como sheriff de su municipio para implantar su ley y su orden como comandanta de la policía comunitaria, sólo que, aseguran, se le pasó la mano y fue acusada de ordenar detenciones arbitrarias y hasta secuestros, denuncias que la llevaron a prisión y que la tuvieron en reclusión penal durante dos años y siete meses.
Una vez que recobró su libertad, doña Nestora regresó a USA –cuya nacionalidad norteamericana también posee— hasta que el dedo purificador de AMLO la convirtió en candidata a senadora, cargo al que llegó casi sin hacer campaña, como la gran mayoría de los candidatos que Morena lanzó al palenque electoral el año pasado y que hoy son senadores –¿verdad Napito?—, diputados, alcaldes, gobernadores, etcétera, etcétera, etcétera…
¡Ay, nuestros políticos!

Y POR HOY hasta aquí dejamos nuestros comentarios.
¡Sean felices!