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sábado, 27 noviembre , 2021

Mirada Interior – Isaías Alanís

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* Turbulencias, tsunamis, huracanes y tormentas

Isaías Alanís

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Últimamente analistas de altos y bajos vuelos, agoreros del pasado y del presente, periodistas privilegiados que ganan trescientos mil pesos o más por entrevista, locutores de voz engolada, sacerdotes del desastre, chicuelos y chicuelas de la Ibero expertos en redes sociales: “los señalamientos de las redes, a veces son irritantes, duros y lapidarios”, en voz de EPN, que hundió al país en la peor crisis petrolera y de corrupción con sus reformas en contra de los mexicanos. Vendedores de noticias falsas con troles y boots, analfabetas funcionales del desorden, miembros de partidos políticos, aseguran que en este año se viene un terremoto que será producido por la renegociación del TLC y las próximas elecciones.
Lo chusco es que no se han dado cuenta o cierran los ojos ante el inminente estado de indefensión de los mexicanos. El país vive en una turbulencia de graves consecuencias económicas, políticas, sociales y de nación soberana.
México entra y sale de un ciclón cada día. Las perturbaciones son aéreas, terrestres y cotidianas. Vivimos dentro de un tsunami, en el ojo del huracán y en el interior de una tormenta social de grandes proporciones. Nulo crecimiento económico, crisis en derechos humanos, inseguridad, violencia extrema, incremento de la gasolina y de todo lo que se mueve sobre ruedas. La clase política va de fracaso en jolgorio y de negocio en negocio, campante y rapaz, sin que nadie le ponga freno, y como prueba Ricardo Anaya promueve a Graco Ramírez como el mejor gobernante de México, el más casto y puro.
Si la sacudida electoral que se avecina es para desplumar a los delincuentes de cuello blanco que se han apropiado de México a través de una estafa maestra, donde todos los que participan salen ganando menos los mexicanos, y los recursos se evaporan de la noche a la mañana de la Secretaría de Desarrollo Social a la de Hacienda y a los gobiernos de los estados como si en este país no hubiera leyes. Una prueba es la posible excarcelación de Javier Duarte de Ochoa. Mejor que venga el ciclón con su onda expansiva, si no, de todos modos vivimos dentro de un coctel de dinamita, en el centro de un bólido, hasta el fondo de un barril de pólvora, hundidos en un país sin leyes que anda a la deriva dentro de un barco ebrio sin piloto y sin brújula. Crisis en materia de procuración de justicia y un Tribunal Superior de la Federación a modo del cartel oficial.
Si lo que se viene no es un sismo de ocho grados producto de un posible triunfo electoral ajeno a quienes a toda costa quieren seguir en el poder, ¿entonces lo que vivimos los mexicanos cómo llamarlo?
Aquí habría que preguntarle a los expertos en política mexicana, a qué clase de turbulencia y tormenta se refieren y por qué se han dado cuenta que esta podría hacer blanco el próximo 1 de julio, pese a contar con un INE a modo, medios de comunicación agarrados de la mano, empresarios, sacerdotes de ultra derecha y vecinos incómodos de la administración Trump. Porque el teorema catastrófico de México no es o será por las elecciones, es un buque que ha andado a la deriva los últimos treinta y seis años sobre tormentas de toda clase, que se balancea al compás del neoliberalismo y una partidocracia sin límites, cuyo objetivo es el erario de México y acrecentar sus cuentas personales, robar, medrar, delinquir, sin que ningún tribunal los condene.
Chihuahua es un ejemplo de cómo se las gasta el Estado. ¿Cómo es posible que un gobernador de una entidad donde el federalismo es letra muerta tenga que salir a la calle a protestar para que no le sean retirados los fondos federales? Javier Corral hizo doble carambola al intentar detener a un ex gobernador prófugo y a todas luces protegido. Por esa presión le van a entregar 900 millones de pesos retenidos por Hacienda, conceder la extradición de Cesar Duarte Jáquez, y a cambio Corral ¿les devolverá a Alejandro Gutiérrez, ex funcionario del PRI acusado de triangular dinero a campaña de EPN?
Por eso es más que obvio que los arúspices del descontrol y manipuladores de la partidocracia tienen las manos metidas. Ellos son el tsunami, el terremoto y los que se han dedicado a hundir el bajel que da tumbos desde la profundidad de la corrupción al proteccionismo faccioso de socios y amigos. Y no solo crean un discurso de la anti moral política y los riesgos de caer en el abismo de una explosión social tantas veces reprimida; también pone de manifiesto el abismo que existe entre gobernantes y gobernados, entre la ceguera que intentan poner los medios y el terror en que viven millones de mexicanos y el compromiso para acabar con esta era de tsunamis, terremotos, sismos y huracanes.
Este doble discurso tiene al país en vilo. ¿Hasta dónde se estirará la cuerda que permita a los mexicanos resistir otro movimiento telúrico de alto fuego tectónico?
No es por la renegociación del Tratado de Libre Comercio, tampoco por las próximas elecciones, por los arcángeles de Odebrecht, por la Ley de Seguridad Interior que avanza, y la de Salud que se difumina, ni por el triunfo de la estafa maestra o la puntada de legalizar la marihuana en dos destinos turísticos; tampoco porque los funcionarios públicos sin excepción se han enriquecido y esconden el fruto de su rapiña.
Este país desde hace décadas requiere un verdadero terremoto de dignidad social participativa y que turbulencias, tsunamis y huracanes dejen de ser un pretexto para crecer como nación, no tan diamantina, pero eso si llena de una enorme riqueza mal, muy mal distribuida, en una patria que al igual que la tormenta se deshace en medio de una profunda inequidad social alarmante y peligrosa para la estabilidad y futuro de este país.
Ojalá y este 5 de febrero, se reflexione sobre la existencia o no de la legalidad en México.

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