Por: Fernando Hinterholzer Diestel

En caso que la candidata oficialista de la 4T, Claudia Sheimbaum, gane la Presidencia de la República el próximo 2 de junio del 2024 tendrá la histórica oportunidad de convertirse en “el títere del maximato” reloaded. El dicho popular anónimo que a finales de la segunda década de los años veinte anunciaba: “aquí vive el presidente, pero el que manda vive enfrente”, después del primero de octubre va a decir: “En Palacio la entenada, el que manda en la Chingada”. Porque vaya golpe que le dieron a “la Corcholata ganadora” seco y a la cabeza, cuando “el Presi” decidió que fuera Clara Brugada la candidata por la CDMX por Morena y no, su propuesta Omar Harfuch. Por lo pronto ha quedado claro que, de ganar la elección, lo cual cada vez se ve menos seguro, Claudia no podrá ejercer el mando fuera del control de su padrino, quien la puso. AMLO se ha asegurado de controlar todo, con el suficiente “poder transexenal” como para obstaculizar y terminar la carrera política de cualquier que se le subleve a través de su enorme capacidad corrosiva y disruptiva.  Desde luego que la construcción de su “maximato”, le ha llevado al tabasqueño varios años, inclusive desde antes de llegar al poder en diciembre del 2018. Implementó  varias etapas para ello: desde el escoger como sucesor a alguien que debiera reunir varias condiciones “sine qua non”: que toda su carrera pública se lo debiera al, que no tuviera un grupo propio y; que le profesara una lealtad al 100%. Además de manera perversa, escogió a los nueve presuntos candidatos a las gubernaturas que se disputarán el 2024; será él “Gran Tlatoani”, quien escoja a los aspirantes de su partido al Congreso de la Unión; además que decidirá el reemplazo del ministro en la Suprema Corte y también los nombramientos más importantes de su gabinete, total desde el inicio de su “mandato”, será solo un forero más de Palacio Nacional, así o más denigrante Y  si en algún momento, se le llegara a ocurrir sublevarse o apartarse del sketch, a Claudia le caería “la voladora”, esto es la revocación del mandato.

Como lo hizo el sonorense Calles, AMLO le exigirá sumisión total a su sucesora que no es sino su “pieza de ajedrez” seleccionada que, de llegar a la gran silla de Palacio Nacional, estaría totalmente acotada por los químicamente “puros” morenistas en la cámara de diputados, por los gobernadores morenistas, por los pseudoperiodistas e intelectuales orgánicos, por las milicias obradoristas y por los generales de las fuerzas armadas que “le deben poder, negocios y lealtad a quien es aún su comandante supremo”. Lo único que se requiere para que se concrete este “maximato reloaded” es que la candidata presidencial de Morena, gane la elección presidencial. Pero no se deben sentir engañadas, las corcholatas y Sheimbaum, pues el presidente fijó las reglas con antelación para que la y los jugadores en la contienda presidencial, y a quien resultará ganadora, o sea Claudia, le quito la posibilidad de designar a los candidatos en la primera posición para coordinar a senadores y diputados. 

En caso de llegar a la presidencia de la república, la señora Sheinbaum enfrentara varios problemas de gobernanza. Ambos problemas son celadas que le ha puesto el presidente. Una de ellas es la revocación de mandato. Esto le va representar que en los primeros tres años de gobierno serían de campaña política permanente. Quien gane la presidencia, tendrá que volver a ganarla tres años después. El problema es que, a diferencia del Presidente, Sheinbaum no tiene un capital político propio, y al no tener la inmunidad popular que tiene AMLO, la oposición política va a liberar contra ella toda la carga que no ha podido o no ha surtido efecto este sexenio. Claudia no es AMLO, no tiene una base de seguidores duros suficientemente grande como para ganar una elección a base de voto duro, tampoco tiene el carisma ni la legitimidad popular como para resistir los ataques continuos de la oposición. Ante ello, su única opción será recurrir a López Obrador. Esto significa que en caso de ganar la presidencia, durante los primeros tres años de gobierno no podrá hacer nada sin el aval del hoy Presidente de la República.

El recurso de la revocación de mandato hace prácticamente inviable que Sheinbaum pueda volverse autónoma.  La aplicación casi inminente de la revocación le anula toda posibilidad de liberarse, y esa es una de las trampas de AMLO. Por ello, en lo superficial, un hipotético gobierno de Sheinbaum podría diferenciarse de AMLO en materia de comunicación e imagen, pero en lo esencial no tendría oportunidad de salirse del script para continuar su apoyo. El segundo ardid es el empoderamiento de las fuerzas armadas, el presidente ha empoderado al ejército y marina de una forma nunca vista, en el México moderno. Este nuevo poder lleva aunado consigo un flujo económico multimillonario, entonces con ese poder político, poder armamental, poder económico, las fuerzas armadas son otra trampa para quién intente gobernar el país. Sheinbaum está acotada por todos lados. Desde la Presidencia le imponen equipo y programa, le condicionan sus márgenes de maniobra. El Presidente está dando señales de que no quiere una sucesora, sino una encargada de despacho que atienda sus intereses, prioridades y necesidades. Ella quiere ser presidenta, no un apéndice de su mentor. No ahora, pero si quiere tener una trascendencia propia, en algún momento, quizá después de las elecciones, deberá empezar a pensar qué hará con López Obrador a partir del 1 de octubre, cómo lo hará y en qué momento lo hará, una definición que marcaría su Presidencia y a ella misma.

ES CUANTO

ADENDDUM: El próximo 2 de junio, frente a la boleta electoral, recordemos que un presidente que intenta controlar los votos y anular al Poder Legislativo y al Judicial, acallar a la prensa y corromper al aparato militar, no es un presidente, sino un tirano. Y que votar por la candidata títere que él impuso sería prolongar la indignidad en la que hemos vivido. Recordemos esto y actuemos en consecuencia.