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miércoles, 7 diciembre , 2022

Averígüelo Vargas

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  • Cientos de desaparecidos se dieron en la etapa de Lucio Cabañas.— Alguna amistad se dio con Genaro, aunque nos alejamos al empezar a trabajar.— A muchos guerrilleros los aventaban al mar desde los aviones.— La Sedena mostró el cuerpo de Lucio Cabañas en la morgue militar.

Enrique Vargas Orozco.

Una guerra de baja intensidad se dio en el estado de Guerrero al inicio de la década de los 70, cuando se levantaron en armas los guerrilleros Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos, ambos profesores de educación primaria, el primero egresado de la Escuela Nacional de Maestros (ENM) en el años de 1957 y el segundo de Ayotzinapa, si no me equivoco, unos años más tarde.

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Genaro murió en 1972, cuando se estrelló el vehículo en el que huía, accidente en el que sufrió lesiones graves que más tarde le costaron la vida, según la versión oficial difundida en ese momento.

A Lucio Cabañas, como es ampliamente sabido, lo persiguió el Ejército luego de que secuestrara a quien sería el candidato priista a la gubernatura, Rubén Figueroa Figueroa, hasta que lograron darle alcance y en un combate desigual recibió varias heridas de arma de fuego que le costaron la vida.

DEBO COMENTAR AHORA que en ambos casos me tocó estar cerca de los dos guerrilleros, con Genaro, porque terminó sus estudios en la ENM en el mismo año que quien redacta estos comentarios e incluso él fue electo presidente, por parte de los estudiantes, de la generación de ese año.

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ALGUNA AMISTAD SE DIO CON GÉNARO, AUNQUE NOS ALEJAMOS AL EMPEZAR A TRABAJAR.— Alguna amistad teníamos, aunque no muy cercana, porque nos separaba la edad, ya que era varios años mayor que yo, pero aun así se dieron un par de casos en los que mi compañero normalista estuvo en mi casa, en la colonia Portales, a la hora de la comida, para compartir los alimentos con mi familia.

Después empezamos a trabajar, me tocó recibir mi primera plaza y adscripción en una escuela del poniente del entonces DF, mientras que Genaro vino al estado, en esos años, y se involucró en la política, hasta que se presentaron los problemas con el gobierno del estado, por lo que fue a prisión, pero, con ayuda de sus compañeros, pudo fugarse cuando lo llevaron a Iguala, y desde entonces se mantuvo en la clandestinidad.

No estoy descubriendo nada nuevo, sólo son recursos que conservo luego de que ya transcurrieron 62 años desde que egresamos de la normal.

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A Lucio Cabañas no tuve oportunidad de conocerlo, aunque seguía sus actividades, porque ya entonces me había iniciado, desde 1965, en las labores del periodismo profesional que ejerzo desde septiembre de 1965, año en que se fundó el periódico El Sol de México, de cuya plantilla inicial tuve la suerte de pertenecer.

Una de las “fuentes” que me tocó cubrir desde entonces fue la Secretaria de la Defensa Nacional, a cuyas instalaciones en la parte norte del Periférico asistía con alguna regularidad y fue donde, entre comentarios extraoficiales, se conocían algunos detalles de la guerrilla de entonces.

Con gente más o menos cercana a los acontecimientos que se daban en al estado, especialmente en la Costa Grande, había un sargento que me decía que había participado activamente en la lucha contra los guerrilleros y a la gente que de alguna manera buscaba ayudarlos.

A MUCHOS GUERRILLEROS LOS AVENTABAN AL MAR DESDE LOS AVIONES.— Se decía que había bastante gente detenida que luego era desaparecidos, para lo cual los subían a un avión del Ejército y se los llevaban al mar y desde el aire los arrojaban a las aguas.

Había un sargento, cuyo nombre no recuerdo, que decía: “los aventábamos del avión y se escuchaban sus gritos y me daba pena por ellos, por eso, después, los paraba en la puerta del avión y le daba un balazo en la nuca, con mi 45 y así ya ni podían gritar”.

Alguna vez me tocó acudir a la prisión militar que está dentro del Campo Militar número uno, donde era evidente que tenía a una buena cantidad de presos que llegaban de Guerrero, por sospechas o relaciones con la guerrilla de Lucio o antes con la de Genaro.

Sin embargo, grupos de derechos humanos del país y del extranjero, principalmente, reclamaban que se pusiera en libertad a esos presos que ni siquiera estaban sujetos a un proceso legal, pero su existencia siempre fue negada y hasta ofrecían que esos organismos visitaran la prisión militar para comprobarlo.

Cuando revisaban las celdas y demás instalaciones efectivamente nunca encontraban a los supuestos guerrilleros que se decía ahí resguardaban, pero el comentario de algunos que estaban dentro, al preguntarles cómo le hacían para desaparecerlos, respondían que como se sabía anticipadamente de la visita, a cada preso de la guerrilla lo acompañaba un militar que también estaban en la prisión por alguna causa, y lo que hacían era meterlos a todos en la cisterna del campo muy amplia y aparentemente de escasa profundidad, donde permanecían escondidos hasta que pasaba la visita.

LA SEDENA MOSTRÓ EL CUERPO DEL GUERRILLERO.— Cuando muere Lucio, los reporteros de la “fuente” fuimos llevados al hospital militar donde se encontraba el cadáver del guerrillero, que me tocó, con los demás, observar:

Un cuerpo muy delgado era el que estaba sobre una de las planchas de la morgue, donde seguramente se le practicó la autopsia y los militares que conducían la visita, señalaron varias lesiones por donde habían entrado las balas que terminaron con la vida de Lucio, que para entonces ya era ya una leyenda.

El general que lo persiguió fue Eliseo Jiménez Ruiz, quien posteriormente estuvo en Oaxaca, cuando se dieron los disturbios contra el gobernador del estado, unos dos o tres años después de que terminó la persecución en Guerrero[EVO1] , cuando prácticamente se dio por terminada la lucha y la presencia de los guerrilleros en el estado.

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[EVO1]ños

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