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* El responsable de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa aceptó que se ha reunido con líderes de grupos de la delincuencia que operan en la sierra de Guerrero para mediar y “que haya un arreglo” entre ellos

* La Conferencia del Episcopado Mexicano justifica su conducta y “su valentía” para pastorear a su pueblo y buscar las mejores soluciones en bien de la vida de su comunidad diocesana

ROSARIO GARCÍA / REDACCIÓN

El obispo de la Diócesis Chilpancingo–Chilapa, Monseñor Salvador Rangel Mendoza, aceptó que se ha reunido con líderes de grupos de la delincuencia que operan en la sierra de Guerrero para mediar y “que haya un arreglo” entre ellos.
En entrevista que ofreció al periodista Carlos Loret de Mola, explicó que las reuniones con líderes de grupos delictivos han sido para conciliar intereses y se asumió como mediador y partícipe de las negociaciones por territorios entre tres cárteles que operan en la región serrana de la entidad.
“Ellos, cada quien busca un límite, se están peleando ciertos lugares, entonces para que haya un arreglo entre ellos, tiene que ceder ya sea uno, ya sea el otro, o el tercer grupo; tienen que ceder ciertas cosas y hay otras condiciones que están pidiendo, tanto unos como otros y es actualmente lo que estoy haciendo con ellos”, precisó Monseñor Rangel.
El jerarca católico fue exhibido recientemente en un video en el cual agradece costosos regalos en la iglesia de Tlanicuilulco, municipio de Quechultenango, pueblo donde opera el grupo ‘Los Ardillos’, a quienes se les atribuyen la violencia extrema que se registra en Chilapa y municipios vecinos.
Explicó que “son tres los grupos principales, yo hablo con los jefes de los tres”, y ejemplificó que “esos días yo subí a la sierra, un sacerdote cantó su misa en un lugar que se llama la Primavera, quedó de verme un capo allá en ese lugar, me manda un recado, me dice no puede entrar porque está rodeado del Ejército y no pude hablar con él”.
Rangel Mendoza justificó su actuación con el argumento de que “yo estoy tratando de sembrar la paz ente los grupos, estoy tratando que no haya más asesinatos porque eso es continuamente y yo creo que no vale la pena que no haya esos asesinatos y si yo puedo poner mi granito de arena, lo estoy haciendo”.
Reiteró que “sí me he sentado con ellos (con los narcos)”, aunque “no, al mismo tiempo, no”, y explicó que “yo no tengo el teléfono de ellos, yo por medio de otras personas concierto el lugar donde nos podemos ver, donde nos podemos entrevistar, incluso personas de ellos vienen a ciertos lugares a recogerme y me conducen porque son lugares muy reservados donde me entrevisto con ellos”.
El obispo reveló que “precisamente uno de estos capos me dice, yo no puedo entrar (a Chilapa) en dado caso que yo entrara no pudo salir, el mal está allá adentro, o habrá personas que abran la puerta que permita entrar o salir. Haga sus conclusiones, yo lo que le puedo decir que todo Guerrero está en manos del narcotráfico”.
Sobre la actuación de Rangel Mendoza, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) dijo que respeta la forma en que trabajan los obispos, y justificó que el diálogo que sostuvo el de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa con grupos criminales es parte del cuidado, del bien por el pueblo y los sacerdotes que laboran en esa zona.
El secretario general del organismo episcopal, monseñor Alfonso Miranda Guardiola, precisó que por supuesto respetamos a monseñor Salvador Rangel en su oficio, en su valentía y también en la forma en la que él trabaja para cuidar a su pueblo para pastorear a su pueblo y buscar las mejores soluciones en bien de la vida de su comunidad diocesana.