Isidro Bautista

 

Urge hacer algo ante la actuación de Marco Antonio Leyva Mena, presidente municipal de Chilpancingo. Urge buscarle la mejor salida, porque cada vez es peor la percepción social en su contra, a un año de haber llegado al cargo.

Ya se comprobó que los partidos políticos pierden las elecciones por sus malos gobiernos, y aquí el ganador sería naturalmente el PRD.

Con todo y los esfuerzos, o gestiones que haya hecho o haga por desempeñar el cargo, su figura ha caído en un desgaste político no visto en ninguno de sus antecesores de los últimos lustros, por la prestación de los servicios públicos, principalmente de la basura, independientemente de la inseguridad.

La gente no tanto espera más obras o más acciones de beneficio social de un ayuntamiento —por las limitantes presupuestales—, sino tener a la mano los servicios elementales, que por ley está obligado a proporcionar.

Hay cierta sorpresa por el que hecho de que Leyva Mena primero mucho pregonó, por radio, televisión, prensa y hasta espectaculares, su deseo de ser presidente municipal, y mucho presumió también tener la capacidad para desempeñar ese puesto, y ahora que está en el terreno de los hechos, su actuación es percibida como un total fracaso.

Actúa así —dicen en las calles— porque ya ha de querer irse.

No es gratuito que el PRD, con Celestino Cesáreo Guzmán, su dirigente estatal, al frente, haya pedido ya la separación del cargo, aun cuando se trata indudablemente de una reacción asumida ante las embestidas dadas a Evodio Velázquez Aguirre, alcalde de Acapulco, por el préstamo solicitado de 158 millones de pesos. Vio dicho partido en Leyva Mena al rival más débil. Su llamado a los chilpancingueños a levantar la voz contra éste debió haber comenzado, por cierto, con sus ediles.

Urge buscar la mejor salida antes de que haya una epidemia por el reguero de basura que hay en Chilpancingo, o alguna posible tragedia suscitada por una chispa del fuego con el que la desechan desde el patio de las casas.

Urge, antes de que la Canaco, Coparmex u otra agrupación civil alce la voz: si no puede, que renuncie, como ya la alzaron contra el propio jefe militar destacamentado en la misma capital del estado.

Hay quienes opinan que deberían apoyarlo en las gestiones que hace para superar los problemas, y hay más que sostienen que resultó un fracaso; que peca de soberbia y autoritarismo, pues cree que lo que hace está bien hecho, por la cierta fama que ha tenido de ser un hombre letrado.

Soberbia y autoritarismo, porque compró el terreno para el proyecto de basurero en Tixtla sin prever la oposición popular que hoy hay en contra, así como actuó con la casa de la policía comunitaria en Petaquillas, municipio de Chilpancingo, que fue rechazada, por no haberla consultado.

Todavía hay tiempo para corregir, si tiene apoyo… si lo busca, si lo amerita. Quienes lo han tratado de cerca reconocen que no tiene remedio; que su principal característica es ser irresponsable o informal.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.

Se necesita a un Leyva Mano con verdadero compromiso y pasión por Chilpancingo, y si no, poner a otro u otra que sí los tenga. isidro_bautista@hotmail.com