Acapulco, manzana de la discordia

 

Felipe Victoria

 

Hace unos días el decano y maestro del periodismo guerrerense, Don Enrique Díaz Clavel, fue llamado a la otra dimensión, quizá para lograr una más de sus grandes entrevistas o platicar de las travesuras de los demonios sueltos disputándose el control político del mágico municipio tan codiciado.

Desde tiempos de la conquista española en el Siglo XVI, por algo fue que el ambicioso Hernán Cortés buscó primero Tlachco e incursionó en las bahías maravillosas de que le platicaban, y hasta se adueñó de la menos grande, que por eso se llama Puerto del Marqués.

Lo que yo puedo brindarles es apenas un relato antisolemne, insumiso y apartidista de las disputas por el poder en el codiciado Acapulco de Juárez, que he podido presenciar desde 1994 cuando vine a radicar, porque antes y desde mi niñez disfrutaba este maravilloso lugar, pero como turista frecuente.

Mi primer suegro fue destacado personaje federal ahí, amigazo en el zócalo de Don Manuel Añorve López, pero les cuento:

En 1995 presidía Acapulco Rogelio de la O Almazán y el inquieto empresario Zeferino Torreblanca Galindo vociferaba horrores en su campaña por la alcaldía; en marzo de 1996, tras quedar como gobernador interino Ángel Heladio Aguirre Rivero, a consecuencia de la masacre de Aguas Blancas por la que tumbaron a Rubén Figueroa Alcocer, Juan Salgado Tenorio fue presidente municipal porteño.

Tras del Huracán ‘Pauline’, en octubre de 1997, el presidente Ernesto Zedillo defenestró a Salgado Tenorio  y  como interino quedó Manuel Añorve Baños, acérrimo enemigo desde la infancia de Zeferino Torreblanca.

En 1999, René Juárez Cisneros ganó la gubernatura desde abril y para diciembre por fin se le hizo a Torreblanca Galindo convertirse en alcalde de Acapulco como candidato externo del PRD, lanzándose feroz contra Manuel Añorve.

En el 2002, Alberto López Rosas relevó a Zeferino, permaneciendo hasta diciembre de 2005, en que recibió la estafeta otro perredista genuino: Félix Salgado Macedonio, pero en el inter, el aguerrido Zeferino Torreblanca ganó la gubernatura en febrero de 2005 con la simpatía del presidente Vicente Fox y ocurrió en julio la muerte de José Rubén Robles Catalán, quien anhelaba ser alcalde de Acapulco.

En octubre de 2008, el priísta Manuel Añorve Baños le ganó la alcaldía a Luis Walton Aburto, que la jugó por Convergencia. Se esperaba un choque de trenes entre los enemigos Zeferino y Manuel, pero ambos hicieron las paces.

En agosto de 2009 asesinaron en Chilpancingo al diputado Armando Chavarría Barrera, que ya se perfilaba candidato a la gubernatura como perredista.

Otro crimen político sin resolver, en tanto el senador Aguirre Rivero medía sus posibilidades de ser candidato tricolor para cuando Zeferino terminara en 2011, apoyado desde Acapulco por su primo Añorve, mancuerna de toda la vida.

Tembló Guerrero y se partió el tricolor cuando en agosto de 2010, la cúpula priísta de Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones, ungieron candidato al inquieto alcalde de Acapulco Manuel Añorve, en vez de al senador Ángel Aguirre

En esos días, Luis  Walton Aburto, ya candidato a la gubernatura por Convergencia, modificada a partido Movimiento Ciudadano, le cedió su lugar al economista Aguirre Rivero, forjando una coalición con el PT y el PRD del presidenciable Marcelo Ebrard.

Le ganaron al PRI en enero de 2011 y para octubre de 2012 Luis Walton conquistó por fin la alcaldía acapulqueña, para después buscar la gubernatura en el 2015, compitiendo contra el priísta Héctor Astudillo tras negar aliarse con el PRD que postuló a Beatriz Mojica Morga.

Acapulco quedó interinamente en manos de Luis Uruñuela mientras compitieron por la alcaldía Marco Antonio Terán Porcayo, Jacko Badillo Escamilla, Víctor Jorrín, Zeferino Torreblanca (ahora por el PAN) y Evodio Velázquez Aguirre, por el PRD.

Los hijos de dos ex gobernadores que pretendieron candidatearse mejor se salieron de la contienda, pues se hubieran neutralizado. Ernesto Rodríguez Escalona varias veces intentó ser alcalde sin lograrlo.

Gobernar Acapulco es más codiciado que llevar las riendas de todo el estado por el enorme presupuesto que maneja y su estratégico posicionamiento nacional e internacional; debido a ello, las zancadillas entre quienes anhelan la presidencia municipal son el pan de cada día.

Hacer campaña por Acapulco pudiera ser más costoso que por Guerrero, donde oficialmente informaron que el PRI gastó el año pasado unos 8 y medio millones de dólares, pero los del pueblo de a pie imaginamos que pudo ser mucho más y no interesa averiguar de dónde salieron los recursos.

¿Cuánto cuesta hacer campaña por la Presidencia de Acapulco?, quien sabe, pero hubo quienes lo intentaron tres o hasta cuatro veces, así será de interesante como inversión pues.

En octubre de 2015 tomaron posesión Evodio Velázquez, en Acapulco, y Héctor Antonio Astudillo Flores, en Guerrero, una dupla ideológicamente opuesta hundiéndose en los embates rijosos y exigencias de un joven desbocado e impaciente, contra la prudencia y tolerancia de la experiencia. ¿Quién pudiera tropezarse primero?

Secreto a voces los compromisos adquiridos por algunos que quisieron convertirse en alcaldes y al no cumplir pactos con algunas mafias les cobran quitándoles la vida, situación por la que ahora espantados y amenazados urgen al gobierno estatal y la federación que los proteja, pero Dios no concede milagros ni endereza jorobados.