Isidro Bautista
En Guerrero sí hay violencia o inseguridad, igual o peor que antes, pero también —ya no digamos un gobierno en lo general, en sus tres niveles— hay un gobernador que no la soslaya.
No se puede decir que todo el Ejército, toda la Marina, toda la PGR, toda la Policía Federal o todas las instituciones obligadas por ley a prevenirla, perseguirla o combatirla, cumplen su función a cabalidad, porque la corrupción está en todos lados, tanto arriba como abajo.
El mismo secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, llegó a señalar que los entonces gobernadores Rogelio Ortega Martínez y Ángel Aguirre Rivero cayeron en la opacidad, a tal extremo que el presidente Enrique Peña Nieto, en plena reunión que encabezó hace más de un año con los mandatarios estatales del país, entre ellos el académico guerrerense, les pidió que ante ese problema no gobernaran llevándosela de a muertito.
Héctor Astudillo lleva seis meses en el cargo de gobernador. Han sido seis meses, sí, con cientos y cientos de muertos, y una sociedad harta de la situación, pero también entregado contra ese flagelo. En el mismo día en que asumió el puesto, el 27 de octubre, estuvo reunido con el gabinete federal de seguridad, y desde que era candidato, siempre se ha referido de la violencia o inseguridad como el problema número uno de Guerrero.
Hay seis meses de balaceras, pero tampoco se le visto cruzado de brazos: el C4 esta semana comenzará a ser operado por el Ejército para reforzar la vigilancia en Acapulco, en apoyo a la estrategia de seguridad puesta en marcha en 2013, hay ya un jefe de Seguridad Pública municipal más calificado en ese puerto, y a la brevedad iniciará la construcción del C-5 con más cámaras de vigilancia, infraestructura adecuada, mejor tecnología y personal altamente capacitado que permitirá llevar a cabo acciones de rastreo y detención de grupos delincuenciales.
Cuando Astudillo llegó a la gubernatura la violencia estaba a brote desde 2005, y no puede acabarse en un abrir y cerrar de ojos. Si en esos quince años no se ha reducido, menos en seis meses. Peña Nieto va para cuatro años como presidente, y sigue al hilo la violencia no sólo en Guerrero sino en el resto del país.
Y a la delincuencia organizada habría que sumar, como lo han asegurado Astudillo y Osorio Chong, “los detractores del estado”, que “desacreditan” lo que se hace en contra de la inseguridad.
Beatriz Mojica, ex candidata a gobernadora, pidió que el titular del Ejecutivo estatal mejor renuncie. Como haya sido, pero subió al cargo por voluntad de miles y miles de guerrerenses, y no puede irse porque simplemente alguien lo pide, y menos cuando se le observa enfrentándose a la situación.
Obvio: él es la cabeza más visible entre militares, marinos y agentes policiacos. Le faltan cinco y medio años de gobierno.
Ya viene el vocero único, figura con la que se supone también contrarrestarán campañas proviolencia, como las que circularon antes, durante y después de los tiroteos de Acapulco, con el propósito de sembrar más pánico. Faltaría el hecho de tener mayor control en las redes sociales, que de un plomazo se pueden dejar desiertas las calles por propagar el miedo con una falsa alarma
La gente tiene que participar, por lo menos, con la denuncia anónima.
