SADYHEL ASTUDILLO

Hace poco más de cinco años comentaba con un amigo quién recientemente había comprado un libro por internet y al ser un envió desde Europa tuvo que pagar en euros. Le comenté que le hubiera salido más barato (y rápido) desde Estados Unidos al pagar en dólares, a lo cual asintió y me dijo que el libro no lo manejaban en esa región y –acertadamente- añadió: además en algunos años va a salir igual o más barato pagar en euros que en dólares. Me causó risa su comentario y le di la razón; con lo que no contábamos era que esos años no serían tan pocos como imaginábamos.
Recuerdo también que en la etapa de mi niñez, que comenzaba a poner atención a las noticias y los señalamientos de los bancos, observaba y escuchaba mucho la compra-venta de dólares y cuando les pregunté a mis padres me explicaron que era la moneda de nuestro vecino país del norte y que (en aquel entonces) un dólar valía poco más de diez pesos, me pareció bastante pero, de igual forma no creí que el dólar actualmente rondara sobre los veinte pesos tan rápidamente y que curiosamente justo esa es la denominación del billete que esta por desaparecer.
Regresemos a los días actuales, los cuales como bien sabemos son conocidos por esparcir rumores y noticias en segundos, que se vuelven internacionales en cuestión de horas. Y el tema que está “de moda” y que se ha hecho viral es respecto de la ya mencionada “desaparición” del billete de veinte pesos.
En primera instancia y como ya mencionaron los medios oficiales de comunicación, esta decisión se debe principalmente a que no es rentable la producción de este billete, debido a que el costo de producción que conlleva es superior al valor de mismo. Es decir, crear cinco billetes de veinte cuestas más de cien pesos, aun sacando costos de producción a gran escala.
Esto atiende al segundo hecho, el cual es el que más ruido está haciendo, el bajo poder adquisitivo que tiene nuestra moneda. La gasolina, la leche, el huevo, el pan, el papel, son ejemplos claros de como los insumos diarios de cualquier persona incrementan sus precios con el paso del tiempo, pero cada vez es más frecuente y mayor el incremento. Por lo tanto, no es que el país va entrar en una crisis económica, el hecho es que ya la estamos observando los inicios con los elevados índices inflacionarios.
En ciertas zonas del país el trabajar el campo no es rentable, acceder a comunidades aisladas, consume costos de traslado y esfuerzo, que pasar de un estado a otro, hacer uso de una mano de obra barata y extrajera genera desempleo en el país y como estos, los ejemplos son bastantes.
Entonces, todos los rumores, notas amarillistas y demás mensajes sensacionalistas como siempre lo único que buscan es generalizar el pánico y la confusión además de desinformar a la población en general, la cual, en lugar de preocuparse y estarse “tronando los dedos” debería de atender sus necesidades y generar propuestas y opiniones en busca de que la situación económica personal mejore, después la de sus vecinos, nuestro estado y en gran escala la de nuestro país.
Tengamos bien presente pues que, por muchos mensajes e imágenes que compartamos, por mucho que nos quejemos en redes sociales, no se va a generar un cambio, nuestro gobierno no va a ponerse a platicar con cada uno de nosotros para “curarnos” el espanto y ponernos a trabajar, no; eso depende de cada uno de nosotros, el cursar bien o mal una “crisis” va a depender de que tan bien preparados estemos para recibirla, además de saber conservar la calma y actuar con cabeza fría en pos del bienestar personal.

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