Isidro Bautista
Desde hace varios meses el país ha estado envuelto en pre campañas y campañas políticas. Bueno, ya sabes quién, lleva años en campaña. Por lo menos desde hace 12 años ha tenido presencia en spots de radio y televisión, recorriendo el país con el pregón de su República amorosa, el estribillo de amor y paz, y sus famosas frases como esas del frijol con gorgojo y el pueblo pone, el pueblo quita.
Pero concentrémonos en las campañas locales, en los candidatos que aquí en Guerrero buscan ganar un cargo de elección popular en la jornada del ya cercano domingo 1º de julio, fecha en la que este país y este estado decidirán el rumbo a seguir. Si uno hace un repaso de cómo se han venido desarrollando las campañas electorales en Guerrero, puede decirse que ha habido poco ruido y muchas nueces. Es decir, muchos candidatos y pésimas campañas. Y también: muchos candidatos que no hacen campaña.
Salvo Manuel Añorve, candidato a senador de la República por el PRI y sus partidos aliados, su correligionario Ricardo Taja, un tal Badillo, en Acapulco, Antonio Gaspar y Beatriz Vélez, en Chilpancingo, el resto de los aspirantes francamente ni se ven ni se escuchan. Lamentable, la verdad.
Muchos candidatos de antemano saben que no van a ganar y prefieren ahorrarse (o guardárselo) el mucho o el poco dinero que les dan para lanzarse a la calle a buscar el voto. Casi nadie pone dinero de su bolsa para hacer campaña. No son tarugos.
Los que tienen la suerte de que su partido les ayude, tienen la mano extendida para recibir lo que los dirigentes de su partido les dan, porque deben saber que en eso de distribuir las prerrogativas públicas –el dinero, pues, que el gobierno les entrega a los partidos políticos para las campañas de sus candidatos—, el que reparte… ¡se queda con la mayor parte!
Las campañas, lo dice la gente, son grises, sosas, intrascendentes. Algunos se gastan algo de dinero en imprimir unas cuantas mantas y espectaculares gigantes en los que aparecen bien peinaditos y con los dientes blanquitos, y ya con eso quieren hacer creer que están haciendo campaña. Son los simuladores. Engañan a sus jefes políticos y dirigentes partidarios, a quienes juran y perjuran que están en agotadoras jornadas de proselitismo buscando el voto hasta debajo de las piedras, para que les sigan dando dinero, pero en realidad se juntan con sus cuates en dizque cuartos de guerra –así se les llama ahora a las reuniones donde se juega a ser vidente de la política y a decir el mayor número de barbaridades— en espera del “a ver qué pasa”.
Se engañan también a sí mismos, pero al que no pueden engañar es al pueblo, al electorado, al votante, que los tiene bien identificados.
Otros, como el candidato de la coalición “Por Guerrero al Frente” a la presidencia municipal de Acapulco, Joaquín Badillo, se la pasan haciendo todos los días, a toda hora del día, promesas y más promesas. Ha prometido tanto para tratar de convencer que lo hagan presidente municipal, que nada más le faltaría ofrecer que moverá la isla de La Roqueta, de donde se encuentra actualmente, al centro de la bahía de Acapulco.
Y muchos más, acomodaticios y oportunistas –hace un buen rato abandonaron el barco perrediano y se subieron al tren morenista— ni campaña hacen.
Imprimieron su propaganda con montajes fotográficos en los que aparecen junto al político tabasqueño, la pegaron donde mejor se les acomodó, y están columpiándose en sus hamacas esperando que llegue el día de la votación pues suponen, y parece que debe darse por buena esa suposición, que el arrastre del Peje que asegura no es lagarto, los cubrirá como manto mágico y los hará ganar.
Vamos: para taparle el ojo al macho salen a la calle a buscar un nevero, para tomarse una foto comiéndose un barquillo con helado, o un taquero, para engullirse unos tacos de tripa.
Los que están en el bando tricolor, también hay que decirlo, se cuelgan de las acciones de gobierno del mandatario estatal Héctor Astudillo Flores, quien –pésele a quien le pese— ha hecho bien muchas cosas.
Una de ellas es que ha logrado mantener la estabilidad política y la gobernabilidad en el estado, que no es tarea fácil, sino todo lo contrario. De HAF, sus detractores no podrán decir que tiene descuidado su gobierno. Organizado, persistente, muy movido, Astudillo recorre todo el estado para inaugurar obras y poner en marcha servicios, tal vez no de relumbrón, pero que sirven a la población. Está atento a lo primordial: cuidar y promover la actividad turística, nuestra gallina de huevos de oro, porque es vital para el desarrollo del estado.
Todos los guerrerenses dependemos del turismo. Si se desploma, nos cargará la desgracia.
De eso, y otras cosas más, hay que reconocerle a Astudillo.
Pero insisto: los candidatos deben ponerse las pilas y dinamizar sus campañas, porque la mayoría están para llorar. Literalmente está en juego el futuro del estado.
Ojalá no los veamos después del 1º de julio arrastrando la pena de una vergonzosa derrota, todo porque pensaron que ya tenían el triunfo en la bolsa. Entiéndalo: el voto a favor es de quien lo trabaja.
isidro_bautista@hotmail.com
