Michel Vargas
ACAPULCO. —En su comunicado dominical, el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, llamó a la sociedad a reflexionar sobre las consecuencias de la lucha por la Independencia de México y a evitar que la polarización, el odio y la violencia verbal continúen afectando la convivencia social.
Con motivo de las celebraciones patrias, el sacerdote señaló que al recordar a los héroes de la Independencia durante la noche del 15 de septiembre y presenciar el desfile cívico-militar del día siguiente, también es necesario tener presente que aquel proceso implicó más de una década de lucha armada, con graves consecuencias para la población.
González González destacó que la guerra provocó la desintegración de familias, dejó viudas, viudos y huérfanos, además de ocasionar la muerte de numerosos niños por enfermedades y falta de alimentos. Subrayó que una parte importante de la población de la Nueva España en 1810 estaba conformada por mujeres y menores de edad, quienes no permanecieron ajenos a las consecuencias del conflicto.
El arzobispo consideró que el resentimiento generado por la crueldad de algunos hechos de guerra, así como la violencia verbal entre los bandos, contribuyó a prolongar el enfrentamiento. Advirtió que cuando se considera al adversario como un “engendro del mal” y se atribuyen intenciones perversas a quienes piensan diferente, se cierran las posibilidades de diálogo y negociación.
Ante ello, planteó la necesidad de cuestionar la manera en que actualmente se mira a quienes pertenecen a otros grupos o tienen opiniones distintas, y propuso reconocerlos como personas que también pueden contribuir a la construcción del bien común. Sostuvo que frente a la violencia, polarización y desconfianza actuales se requiere una palabra pública respetuosa, instituciones orientadas al encuentro, memoria histórica basada en la verdad y reconciliación, así como una amistad cívica.
Finalmente, recordó una circular emitida por el cabildo de Valladolid el 22 de junio de 1810, que fue leída en distintas parroquias, entre ellas por Miguel Hidalgo y José María Morelos. El documento señalaba que la patria se construye mediante el patriotismo y el sacrificio de los intereses particulares, además de advertir que cada generación tiene la responsabilidad de decidir el destino de las generaciones futuras.
