La falta de lluvias durante las últimas semanas ha comenzado a causar severos estragos en el campo guerrerense, donde cientos de productores reportan pérdidas en cultivos de maíz, frijol y calabaza debido a la sequía que afecta a diversas regiones del estado.
A través de redes sociales, campesinos han compartido imágenes y videos de sembradíos marchitos e incluso completamente secos, reflejando la preocupación por la pérdida de sus cosechas tras más de 20 días con precipitaciones escasas o nulas en varias zonas de Guerrero.


Las regiones Norte y Tierra Caliente concentran las afectaciones más severas, aunque también se reportan daños en municipios de las regiones Centro y Montaña.


En municipios como Huitzuco, Tepecoacuilco y Cocula, productores señalaron que desde el pasado 1 de julio únicamente se han registrado cinco lluvias de baja intensidad. Dos de ellas dejaron apenas entre tres y cinco milímetros de precipitación, mientras que las otras tres apenas alcanzaron un milímetro cada una, acumulando alrededor de 10 milímetros durante todo el mes, cantidad insuficiente para el desarrollo de los cultivos.


Los agricultores explicaron que muchos sembraron desde mayo confiando en el inicio del temporal, sin embargo, la ausencia de lluvias provocó que gran parte de las parcelas se perdieran.


Algunos mantienen la esperanza de volver a sembrar cuando las condiciones climáticas mejoren, mientras que otros afirman haber perdido completamente su inversión.


Especialistas del sector consideran que, de continuar la sequía, será difícil alcanzar la meta de producir hasta 500 mil toneladas de maíz en Guerrero durante el presente ciclo agrícola.


La problemática también ha impactado al sector ganadero, pues enfrentan la falta de pastizales y el descenso en los niveles de agua de bordos y abrevaderos, situación que afecta la alimentación del ganado y reduce la producción de leche.


En medio de la incertidumbre, habitantes de distintas comunidades han recurrido a procesiones religiosas para pedir a San Isidro Labrador la llegada de las lluvias que permitan salvar las milpas que aún permanecen en pie.


Los productores confían en que, con el término de la canícula y la llegada del mes de agosto, las precipitaciones se regularicen y den un respiro al campo, que enfrenta una de las temporadas más complicadas de los últimos años.