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martes, 11 agosto , 2020

José Bracho y su participación en la guerrilla con Genaro Vázquez

“Yo iba herido, me mandaron al cuartel militar número uno, en México. Nadie sabía de mí, estuve desaparecido casi un mes. La prensa decía que yo aún estaba vivo, que debería aparecer con vida. Afortunadamente aparecí, golpeado, torturado, un 14 de febrero”, recuerda una de sus experiencias José Bracho Campos. (Foto: Alondra García)

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Alondra García Lucatero
Soy licenciada en Administración de Empresas con Especialidad en Comercio Internacional pero me dedico a la profesión más hermosa del mundo: EL PERIODISMO.
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  • *  Recuerda que se levantaron en armas contra un gobierno porque entonces “se nos cerraban los caminos” para dar “la lucha política”
  • * Sobre las policías comunitarias dijo que “el pueblo recurre a la autodefensa porque el gobierno no se da abasto con lo que tiene para defenderlo de la criminalidad”

Alondra García

José Bracho Campos camina por la calle como cualquier otro ciudadano, con un andar tranquilo. Sin embargo, su historia de vida no es la de cualquier persona: fue lugarteniente del guerrillero Genaro Vázquez Rojas y fue también el último en verlo con vida.  

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Viste sencillo: pantalón café de gabardina y una playera gris oscuro con la bandera de Cuba, país que lo alojó durante su exilio de 10 años.  

Una cicatriz le atraviesa el lado izquierdo del rostro y limita el movimiento del párpado.

Su voz es ronca, áspera, resultado de una traqueotomía. La piel morena, la nariz chata y el pelo rizado descubren su origen costeño.

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Su imagen es la de un hombre rudo, curtido; pero basta con escuchar su risa y su charla para descubrir nobleza, carisma e incluso dulzura.

Se ríe bonito, aún con la voz rasposa. Por eso es difícil imaginarlo de joven, con un fusil en las manos, participando un movimiento subversivo que fue dolor de cabeza para el Estado Mexicano.

Aunque la guerrilla terminó, su lucha sigue. La sierra de Guerrero ya no es el campo de batalla; ahora el escenario es académico y político.

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“Yo me incorporé con Genaro después de la lucha contra el gobierno impuesto de Raymundo Abarca Alarcón. Todo ese periodo nos tocó realizar la lucha política en contra del sátrapa gobernante, culpable de varias masacres, entre ellas la de los copreros y la de Iguala”, cuenta Bracho al inicio de la entrevista, en Acapulco.

El 11 de noviembre de 1966, Genaro Vázquez Rojas fue detenido en la Ciudad de México y enviado a la cárcel de Iguala.

“La Asociación Cívica Guerrerense se movilizó para pedir la libertad de Genaro, dos abogados prominentes de la ciudad de México lo defendieron y fue declarado inocente, pero el gobierno insistió en mantenerlo preso y mandarlo a las Islas Marías. Entre otros abogados políticos estaba el general Lázaro Cárdenas, quien le mandó decir: ‘chaparro, te voy a sacar de la cárcel, pero tienes que salir del país, no puedes quedarte’. Genaro, que ya estaba preparando su salida (de prisión) con un grupo de compañeros, le agradeció el gesto al general pero le dijo que su libertad se la dejaba al pueblo de Guerrero”, relata Bracho.

El 22 de abril de 1967, Genaro fue rescatado de prisión por un grupo de cívicos.

El líder guerrillero fingió un dolor de muelas; cuando era trasladado a una clínica dental, sus compañeros salieron al paso.

El comandante Roque Salgado Ochoa les marcó y pidió liberar a Genaro de manera pacífica. Los custodios respondieron a balazos y se trabó un fuerte tiroteo.

Un policía murió en el enfrentamiento. El comandante guerrillero Roque Salgado resultó gravemente herido, pero lo sacaron hasta las orillas de Iguala.

Cuando el grupo se dirigía a Icatepec, los guerrilleros fueron emboscados por un grupo del Ejército. En la refriega murieron Roque Salgado y Filiberto Solís Morales.

A José Bracho le dieron un tiro en la cabeza. “Ahí me quedé, Genaro pensó que yo había muerto, pero logré recuperarme y salir del cerco; los compañeros de Iguala me apoyaron y logré salir y casi a los ocho meses me incorporé nuevamente con Genaro”, cuenta mientras se toca la hendidura en la parte izquierda del cráneo.

El resto del grupo se dispersó. Genaro salió del cerco y se refugió en la sierra de Tlacotepec, para luego migrar a la sierra de Atoyac, donde se reunió nuevamente con los guerrilleros.

A partir de ahí nació la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, con un programa de cuatro puntos que abanderaba la lucha político-militar de Genaro Vázquez y los cívicos guerrerenses.

“En esas condiciones, muchos que éramos maestros dejamos de trabajar para incorporarnos a la lucha. La persecución fue implacable, no se respetaban mujeres, hijos. Era difícil la situación, primero en el gobierno de Díaz Ordaz, después Luis Echeverría definió al movimiento como ilegal”, relata Bracho.

El 20 de noviembre de 1971 secuestraron al rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, Jaime Castrejón Diez.

Lo entregaron 11 días después, tras negociar la liberación de nueve presos políticos que fueron enviados al exilio en Cuba.

La persecución contra el movimiento cívico guerrillero se intensificó. Fue entonces que buscaron refugio en el Estado de México, donde un compañero les prestó una casa.

La tarde del 1 de febrero de 1972 dejaron la vivienda, tras recibir el aviso de que agentes del Estado ya los tenían ubicados.

Casi corriendo, abordaron el Dodge Dart que habían pintado de azul. En el vehículo iban Genaro Vázquez Rojas, chofer Salvador López Bello y José Bracho Campos.

También iban dos compañeras que no tenían relación con la guerrilla, pero que decidieron acompañarlos para despistar a la policía.

El rumbo era Morelia, se les anocheció en el trayecto, pero no tuvieron ningún contratiempo.

En la madrugada del 2 de febrero se accidentaron contra el alerón de un puente en la carretera México-Morelia. Aunque trata de hacer memoria, José Bracho no sabe cómo pasó el encontronazo.

Lo único que recuerda es que perdió el conocimiento y al despertar estaba bañado en sangre, con una herida que le atravesaba la cara, desde la fosa nasal hasta la sien.

Tan pronto reaccionó, volteó a ver a Genaro que iba en el asiento de atrás. Estaba oscuro, no le vio la cara, pero se percató que no estaba muerto porque aún respiraba.

Trató de auxiliarlo, pero no lo pudo sacar del vehículo. Entonces tomó la decisión de despojarlo de la cartera para evitar que la policía pudiera identificarlo.

El chofer, Salvador López Bello, ya no estaba ahí.

Bracho se alejó para pedir ayuda, pero alcanzó a ver cómo llegaron agentes del Estado y se llevaron a Genaro, aún vivo.

La versión oficial dicta que Genaro murió en el hospital, producto de una fractura de cráneo.

Pero Bracho afirma que la realidad es otra: “el gobierno lo apresó y lo remató”.

Él se escondió, pero a los dos días lo encontró un guardia forestal y lo entregó a las autoridades.

“Yo iba herido, me mandaron al cuartel militar número uno, en México. Nadie sabía de mí, estuve desaparecido casi un mes. La prensa decía que yo aún estaba vivo, que debería aparecer con vida. Afortunadamente aparecí, golpeado, torturado, un 14 de febrero”, recuerda Bracho.

¿A qué tipo de tortura te sometieron?

“Golpes y asfixia con una bolsa, es lo que recuerdo”

¿Qué pasó después?

“Estuve preso un año en Chilpancingo, varios compañeros cayeron presos ahí mismo, estaban los doctores, los Contreras, los Miranda, los Justino y varios campesinos. Yo llegué ahí prácticamente vendado (por las heridas)”.

El 6 de mayo de 1973, José Bracho Campos dejó la prisión y viajó junto a otras 29 personas en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana a La Habana, Cuba, después de ser canjeado por el cónsul de los Estados Unidos de América, Terrance George Leonhardy.

“Otro grupo guerrillero de Guadalajara secuestró al cónsul y pidió la liberación de 75 presos políticos, entre ellos estaba yo. En ese entonces había muchos grupos, muchas células guerrilleras, urbanas y rurales. Llegué a Cuba, pasé 10 años allá, me curaron, me atendieron, hice una carrera de maestro de Literatura y a los 10 años de estar exiliado, con la movilización del pueblo de Guerrero y México se dictó una ley de amnistía y logramos salir todos los que fuimos exiliados políticos en la época de López Portillo”, recuerda Bracho.

Ya de vuelta en México, se reincorporó a la lucha política de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria.

¿Era necesaria la guerrilla?, ¿no había otra opción de lucha?

Nosotros insistimos en la lucha abierta, en la lucha legal, en la lucha política, pero se nos cerraban los caminos. Con la aprehensión de Genaro y su posterior liberación, lo único que nos quedaba era defendernos en las montañas de Guerrero.

Considerando los problemas sociales que enfrenta actualmente Guerrero, ¿crees que existen condiciones para el resurgimiento de la guerrilla?

Hoy son otras condiciones. Hoy producto de la lucha, el pueblo se organiza y logra derrotar en elecciones a los partidos tradicionales, PRI, PAN, PRD y logra un nuevo movimiento, Morena, lleva a la Presidencia a un gran líder del movimiento social, Andrés Manuel López Obrador.

¿Consideras que el surgimiento de grupos de autodefensa y policías comunitarias en Guerrero son otra forma de guerrilla?

Lo que yo veo es que el pueblo recurre a la autodefensa porque el gobierno no se da abasto con lo que tiene para defenderlo de la criminalidad. Por eso han surgido las policías comunitarias, pero ha sido en condiciones de lucha frontal contra la delincuencia, no contra el gobierno.

José Bracho Campos marca una pausa en su respuesta para abrir un paréntesis. Por un lado, ubica a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) que opera en San Luis Acatlán como un movimiento auténtico.

De las policías comunitarias que surgieron después, no puede decir lo mismo. “A partir de ahí, yo no sé en qué condiciones surgieron”, anota.

Recientemente se ha involucrado a menores de edad en estos grupos de civiles armados, ¿cuál es tu perspectiva?

No sabemos cómo va a acabar esto. Hoy leo los periódicos y veo, con preocupación, la masacre que se dio en Chilapa y luego, que el pueblo se organiza con sus muchachitos, con sus niños, para defenderse. Y veo las fotos, y veo Guerrero y es como África, se parecen. En África la mayor parte de los grupos paramilitares son chamacos de 14 o 15 años. Nosotros no queremos eso para los jóvenes. Queremos que estudien, que trabajen, que se preparen y que vivan su juventud como de alguna manera se vive en Cuba, en Nicaragua o como se vivió en Bolivia. Esos son los referentes que yo quisiera para México en América Latina”.

¿Cuáles son los nuevos retos y pendientes en la lucha de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria?

Que los jóvenes conozcan quién fue Genaro Vázquez Rojas, por qué luchó y qué significa su lucha actualmente. Que los jóvenes lean, se preparen y se informen para que no sean presa de la desinformación. Hoy tenemos un gobierno del pueblo, porque 30 millones de mexicanos votamos por Andrés Manuel López Obrador. No fue fácil y debemos defender su proyecto de nación (…). Yo creo que México logrará definitivamente lo que se propone que es, como muchos dicen, su segunda independencia”.

Recientemente, la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, con el apoyo de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), imprimió un libro que recoge su historia de lucha.

El libro se llama Pensamiento y Acción de Genaro Vázquez; en sus páginas se recopilan documentos de denuncia política, cartas, programas e instrucciones que el líder guerrillero les enviaba a sus combatientes para organizarlos y accionar contra el Estado.

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