Jorge VALDEZ REYCEN

Hace 20 años se opusieron a La Parota
Acapulco tendría agua para otros 50 años
Un proyecto abortado por el radicalismo

En el año 2000 se anunció la construcción de la presa “La Parota”, con una inversión de mil millones de dólares, cuyos beneficios directos para Acapulco sería que tendría agua potable asegurada para los próximos 50 ó 60 años… además de tarifas preferenciales de energía eléctrica y concesiones turísticas para deportes acuáticos y pesca entre otros.
Fue “el proyecto del siglo”, como lo definió el presidente Vicente Fox Quesada en aquel tiempo. El gobierno de Guerrero externó su beneplácito en voz del gobernador René Juárez Cisneros. Lo mismo hicieron en festejar el proyecto de “La Parota” los sectores privados, empresariales y turísticos.
Los que se opusieron con acciones radicales, rabiosamente hostiles, intransigentes y violentos fueron un grupo de ejidatarios y comuneros de los Bienes Comunales de Cacahuatepec, propietarios de las tierras áridas, inermes, improductivas, donde se levantaría una cortina para contener las aguas del río Papagayo y producir energía eléctrica a través de turbinas.
La Comisión Federal de Electricidad (CFE) arrastraba conflictos con campesinos, ejidatarios y comuneros afectados por la propia paraestatal que no les ha pagado millonarias cifras por los daños ocasionados a sus tierras. Ese fue el punto toral de oponerse a “La Parota”. Los daños y prejuicios causados en Petacalco, siguen durmiendo el sueño de los justos, como en la presa “El Caracol”, en el río Balsas.
Si la CFE tuviera esa altura de miras de resarcir a los propietarios de las tierras donde se planifican los desarrollos para el futuro, la modernidad del país, otra sería la condición de vida de esos damnificados.
La presa “La Parota” fue motivo de una lucha brutal, descarnada, terrible para quienes fundaron el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Parota (CECOP), con una figura visible que se distinguió como vocero, Marco Antonio Suástegui Muñoz.
La guerra mediática, de movilizaciones, bloqueos, enfrentamientos con la policía y hasta utilizar la violencia como argumento para impedir el proyecto y lograr que abortara, llevó una turbulenta secuela de actos fuera de la ley. Los opositores a la Parota se convirtieron en policías comunitarios y suplantaron el orden legal por una ley de la jungla. Todo bajo el liderazgo de Suástegui Muñoz, quien ha sido detenido, encarcelado, procesado, liberado, exonerado, luego otra vez al frente de un grupo armado envuelto en una masacre de 11 personas privadas de la vida y llevado a prisión para ser juzgado por delitos del fuero común y federal.
Hoy enfrenta proceso penal por homicidio calificado y otros delitos que la Fiscalía General del Estado ha aportado elementos probatorios, evidencias y testimoniales ministeriales de su presunta responsabilidad y que la autoridad jurisdiccional estudia y juzgará de acuerdo a la ley.
La Parota, como proyecto “del siglo”, quedó suspendida desde hace 20 años que comenzó esta historia que ya provocó derramamiento de sangre, luto y desolación en familiares de las víctimas, otras 16 familias sufren tener a un pariente procesado penalmente por delitos graves que podrían alcanzar penas de hasta 50 años de prisión.
Hoy mismo, en Acapulco, hay una deuda multimillonaria con la CFE que la CAPAMA arrastra, como su credibilidad e inoperatividad técnica. No hay agua potable. Se recurre al tandeo por zonas. Los adeudos con la CFE han provocado suspensiones del suministro de energía eléctrica al sistema de bombeo desde los puntos de captación en las plantas Papagayo I, II y III. Y no hay dinero para pagar.
El diagnóstico global de la problemática en torno al agua no parece ser motivo de análisis, ni de preocupación, ni de llegar a una solución a mediano y largo plazo.
Mañana, la conclusión del tema.
Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.