R. Salgado L.
En días recientes hemos escuchado reiteradas discusiones sobre la nueva Reforma Educativa del actual sexenio.
Acalorados debates en el seno de la Cámara de Diputados federal y reclamos airados de un sector disidente del magisterio, han impedido que la iniciativa de reformas a los artículos constitucionales siga su curso y sufran retraso para su aprobación.
Lo que no se ha observado, ni ha sido motivo de atención especial, son los intereses de los niños, que siendo el centro particular de preocupación, quienes son el futuro de la nación, han estado ausentes en los discursos y en las polémicas discusiones de los señores diputados.
Es lamentable que siendo el asunto central de una reforma el llamado “Modelo Educativo”, que representa el eje fundamental de toda innovación, ya que es el apartado que contiene metodología pedagógica, planes y programas así como los contenidos de aprendizaje, no lo contemplen los legisladores y dan la impresión de estar perdidos en algo que, siendo importante como lo es la Evaluación, mantengan con desinterés lo que debe ser prioritario.
Sin duda alguna que el Hecho Educativo no se percibe en toda su dimensión, si no se contempla la Evaluación, que como herramienta pedagógica es imprescindible, pues ello conlleva a la interpretación de avance y certeza en la evolución o estancamiento de todo proceso.
En conclusión, diríamos que el proceso de la enseñanza-aprendizaje, un asunto de carácter global, no lo entenderíamos sin la Evaluación.
De ahí que surja que la Evaluación deberá estar contenida en todo el proceso de reforma, como una acción esencialmente de valoración.
De acuerdo a las notas de los informativos nacionales, dos asuntos han sido motivo de acalorados debates: la Evaluación y la Asignación de Plazas.
En materia de Evaluación, independientemente de que es un asunto ordinario que debe estar en todos los momentos de nuestra vida, sin embargo, en la Educación, es un elemento fundamental, obligado y de esencia en el proceso formativo.
En consecuencia, deben ponderarse momentos significativos para su aplicación en este proceso:
Evaluación Diagnóstica: Independientemente a la preocupación del maestro en el aula, al inicio del curso debe prevalecer, como tarea obligada, conocer las condiciones de aprendizaje, de como recibe a sus alumnos, detectar fortalezas y debilidades y derivar de sus resultados la toma de decisiones para iniciar el curso con la certeza de como emprender pedagógica y didácticamente su importante función.
Sin embargo, lo que es obligación ineludible del Estado, en todo intento de Reforma Educativa, es definir con diáfana claridad los agentes insustituibles para conducir tan delicada empresa; por lo que la Evaluación Diagnóstica debe operar para conocer el tipo de maestra o maestro en quienes habrán de cifrarse las mayores esperanzas para que las metas y los objetivos se alcancen con el mayor de los éxitos.
Todo padre de familia mantiene la fe en la labor del maestro y anhela que sus hijos logren superarse y puedan tener en el futuro un espacio profesional y socialmente digno; en consecuencia, se impone la exigencia de que en el Sector Educativo estén las mejores maestras y maestros, en los que pueda confiarse el buen destino de sus hijos, con la garantía inequívoca de labrarles un futuro prometedor.
En este sector no debe haber espacio para los improvisados, para gente sin vocación, para usurpadores de la función docente y para todos aquellos simuladores que, mediante la falsificación de títulos o a través de la extorsión, están condenando al fracaso a miles de mexicanos y entorpeciendo el futuro del país.
En consecuencia, la Evaluación Diagnóstica debe estar en toda acción del hecho educativo de nuestros niños, pero también hacer prevalecer la idea de que en el éxito de una reforma estará siempre la figura del maestro con sólidas convicciones profesionales y con un profundo aprecio a los niños y al país.
Si la Evaluación para el Ingreso, es motivo de alteradas discusiones, resulta ser interesante la idea del Señor Presidente de ir hacia una sólida reforma a las Escuelas Normales, en donde existan filtros que con rigor revisen los perfiles más idóneos y que el ingreso de alumnos esté firmemente sujeto a las exclusivas necesidades de una auténtica demanda.
La Evaluación para la permanencia: sin descartarla del todo, ya que la calidad estaría garantizada a través de los cuidadosos mecanismos del ingreso. En caso de que prevaleciera, podría estar sujeta a estímulos, particularmente para aquellos maestros que demuestren mayor destreza, capacidad y dedicación.
La Evaluación para la promoción: deben diseñarse esquemas y niveles, procurando no lastimar la antigüedad en el servicio, pero bajo la exigencia de demostrar capacidad y una sólida formación académica.
En lo referente a la Asignación de Plazas, procuraremos hacer un detallado análisis en la próxima colaboración.
