* Salvador Rangel dijo admirar “sobremanera” a uno de los “capos” que le expresó estar dispuesto a que en esa ciudad deje de haber cobro de piso, levantones y asesinatos
Alondra García
El obispo de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, reveló que está trabajando en un “experimento”, que implicaría un pacto entre grupos criminales que le devolverá la paz a uno de los municipios más violento del país: Chilapa de Álvarez.
Este mes, Rangel Mendoza cumplirá tres años de su llegada a la Diócesis, la cual considera como “bastante difícil” debido a la operación de grupos criminales y policías comunitarias vinculadas.
En entrevista, el prelado detalló que a lo largo de estos 36 meses ha tenido la oportunidad de visitar todas las parroquias, incluso las ubicadas en las comunidades más alejadas, marginadas y peligrosas, desde la sierra hasta la Montaña.
Indicó que estas visitas le han permitido conocer de cerca a su feligresía y establecer canales de comunicación con al menos seis grupos delictivos.
El obispo explicó que su objetivo es “crear un clima de paz, de confianza y de diálogo” en la Diócesis que tiene a cargo, y reveló que trabaja en lo que llamó un “experimento” en Chilapa de Álvarez, con el objetivo de pacificar este municipio.
Detalló que en su calidad de líder religioso estableció comunicación con los líderes de los dos grupos delictivos que operan en esa demarcación, uno de los cuales le manifestó su voluntad para restablecer la paz, aunque no reveló de quién se trata.
“Puedo decir abiertamente que a mí me admira sobremanera uno de estos capos. Él está pidiendo que Chilapa sea una ciudad abierta, que puedan entrar, que puedan salir, que en Chilapa no haya levantones, que en Chilapa no haya cobro de piso, que en Chilapa no haya asesinatos. Si así lo está pidiendo un narcotraficante, ¿por qué no secundar esos esfuerzos?”, expuso.
Incluso reveló que hay autoridades que ya están “secundando” esta estrategia, porque “están entendiendo que ese es el camino para pacificar”.
Rangel Mendoza se negó a ahondar en el tema, pues argumentó que los trabajos de pacificación llevan un año y podrían derrumbarse con sus declaraciones.
Sin embargo, aclaró que se trata de una labor distinta a los intentos de mediación entre cárteles que ha realizado en la sierra, donde tiene el objetivo de construir un pacto de paz.
“Si nos sale el experimento de Chilapa, pudiéramos emplearlo tanto en la sierra como en la región centro (…). Incluso este ejemplo que está sucediendo en mi Diócesis se podría replicar en más partes de Guerrero”, comentó.
Otra de las estrategias que ha implementado en sus intentos de pacificación es la construcción de nuevas parroquias en zonas de alta violencia.
Ejemplo de ello es Filo de Caballos, comunidad ubicada en la sierra del municipio de Leonardo Bravo, donde tres sacerdotes pasionistas “están haciendo un trabajo excelente”, según cuenta.
Otra es la parroquia de Tlanicuilulco, poblado ubicado en el municipio de Quechultenango, bastión del cártel ‘Los Ardillos’.
Su próximo objetivo es la comunidad indígena de Mexcalzingo, en el municipio de Chilapa de Álvarez.
