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miércoles, 5 octubre , 2022

Averígüelo Vargas – Enrique Vargas

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* Por los daños de sismos y huracán se incrementó la delincuencia.—Rememoran los 20 años de que “Paulina” arrasó Acapulco

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Enrique Vargas

 

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Guerrero y muchos miles de habitantes resintieron el paso destructivo de los sismos del 7 y 19 de septiembre y por el huracán Max, que causó inundaciones y pérdidas considerables en los cultivos de a Costa Chica y la Montaña, principalmente, aunque afortunadamente hubo una pronta respuesta del gobierno del estado y de las instituciones como la Policía Federal, el Ejército y la Marina, que prestaron una gran ayuda a las personas afectadas por esos fenómenos naturales.

La policía del estado y las corporaciones señaladas, además de las policías municipales, donde las hay, respondieron de inmediato a la convocatoria del gobernador Héctor Astudillo, para acudir en auxilio de las personas que sufrieron daños y hasta riesgos personales por las intensas lluvias y por la destrucción que provocaron ambos terremotos.

Fue una nueva emergencia, de las muchas que registra el estado, porque Guerrero es un estado de emergencias, de todo tipo, por el hecho de que está asentado sobre la brecha sísmica más peligrosa y de mayor actividad, pero también porque es el paso natural de los huracanes y tormentas del Océano Pacífico.

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Las policías, los militares y los marinos se dedicaron al rescate y a apoyar a los habitantes afectados, para ayudarles a superar la mala situación que enfrentaron.

Los delincuentes se dieron cuenta que no les estaban prestando mucha atención y aprovecharon para ampliar sus actividades y volver a incrementar el número de homicidios y ejecuciones diarias, que nuevamente son una presencia alarmante en buena parte del estado, pero especialmente en Acapulco, Tierra Caliente, Chilpancingo, Iguala y Chilapa.

Los periódicos impresos dedican diariamente varias páginas para relatar las malas acciones que dejan los grupos delincuenciales, en la lucha permanente que mantienen para controlar los territorios y disminuir a los grupos rivales que les disputan el control de las plazas y de las acciones criminales, por el tráfico y trasiego de las drogas que se busca llevar hasta el extranjero.

La atención a los problemas no ha disminuido, porque la reparación y reposición de los daños y pérdidas que quedaron necesitan meses y hasta años para que se superen totalmente, pero también es necesario que las fuerzas policiacas y el apoyo que les dan las instituciones militares, vuelvan a enfrentar a los grupos criminales, con la intención de que bajen sus acciones violentas que dejan un pesada y lamentable imagen del estado.

Sin embargo, persiste la situación de que la violencia y las ejecuciones sólo se dan entre los grupo delictivos, que casi nada se meten con la población civil y mucho menos con los turistas, que son la base del sustento económico de Guerrero.

Pero también hay agresiones contra grupos que no necesariamente se saben que están dentro de la delincuencia, como los taxistas y otros comerciantes, a los que ha alcanzado la larga mano del crimen, que ha hecho del estado uno de sus principales centros de actividades ilegales.

Es necesario que la Fiscalía del Estado enfrente el difícil problema de los asesinatos y las ejecuciones, porque aunque presenta detenciones de sujetos armados, con drogas y vehículos robados, casi no se les vincula con los asesinatos diarios, ya que no hay presentación de sicarios que se demuestre que hayan participado en los crímenes diarios, aunque al andar armados y con droga se les podría vincular a la lucha entre las bandas delincuenciales, por el control de las principales ciudades del estado y de los campos de cultivo en las sierras de la entidad.

En muchos de esos casos podrían trabajar en conjunto con la PGR, cuya presencia es bastante limitada y de sus actividades oficiales.

Ante el aumento en la violencia y los asesinatos diarios, el gobernador Héctor Astudillo advirtió que se requiere más trabajo de las corporaciones policiacas y una mayor coordinación de esfuerzos entre todos los que participan, para enfrentar al crimen organizado.

Y eso, es lo que hace falta.

REMEMORAN LOS 20 AÑOS DE QUE “PAULINA” ARRASÓ ACAPULCO.— Hace 20 años que el puerto de Acapulco vivió uno de sus peores episodios catastróficos, el 9 de octubre de 1997, por el huracán “Paulina”, que se mantuvo estacionado sobre la zona urbana y un poco más, durante cerca de 24 horas, durante las cuales precipitó una cantidad de agua tan elevada, como no se había visto en alguna fecha anterior o posterior.

Las calles inclinadas de las colonias se convirtieron en cauces furiosos sobre los que se precipitaba el agua a gran velocidad y arrastrando piedras, pedazos de casas y hasta partes de cuerpos humanos, porque ya en la mañana se podían ver en algunos puntos de la Costera partes de los cuerpos despedazados de las víctimas que no encontraron protección.

En cientos se calculó el número de muertos por las lluvias torrenciales y de su paso destructor por muchas de las calles y por la gran crecida del río de la Sabana, que arrastró muchas casitas de construcción ligera, pero también otras con cimiento y concreto, pero que fueron desfondadas por la destructiva corriente del río que vio ampliado su cauce muchas veces.

El paso a desnivel del parque Papagayo quedó totalmente inundado de arena y agua y decenas de vehículos encontraron ahí su fin y no pocos de sus ocupantes.

Las autoridades no estaban preparadas para enfrentar ese enorme desastre que dañó severamente al puerto, al grado que el alcalde, Juan Salgado Tenorio, estaba casi en calidad de desaparecido y eso le costó la chamba, mientras que el gobernador Ángel Aguirre buscaba cubrirse y para eso, el día 10 ya estaba en el puerto, viendo cómo ayudar a la gente que había sufrido pérdidas enormes de sus bienes materiales y de muchos de sus familiares.

El presidente Ernesto Zedillo acudió para ver que la ayuda que ofreció se aplicara correctamente y ahí en la reunión donde se hacía un recuento de la destrucción y los muertos, tuvo varios desencuentros con algunos los representantes priistas, pero más con los perredistas que en esa ocasión acusaban a los gobernantes de descuido e imprevisión.

Fue sin duda una de las peores desgracias que se precipitó sobre Acapulco, al grado de que ahora todavía quedan muchas cicatrices físicas, pero sobre todo emocionales, por los enormes daños que provocó.

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