Alejandro Mendoza

 

El proceder sistemático lo sé, lo conozco, lo he vivido, lo he padecido. El Programa de Resultados Preliminares (PREP) de los órganos electorales para eso sirve: acomodar los resultados como mejor convengan a los intereses de quienes lo controlan.

Estoy a favor de la verdadera democracia en México. Tan necesaria hoy en día. La simulación con la que nacieron los órganos electorales ha degradado la confianza y la credibilidad del sistema de partidos en nuestro país.

Se pretendía que a través de la vía electoral se pudiera conocer y respetar la voluntad popular sobre quien gobernaría el destino de cada municipio, estado y de la misma Nación. De esta forma se restaba fuerza a la vía violenta y armada, o a la posibilidad de un golpe de estado.

Sin embargo, todo resultó ser un engaño al pueblo, un fraude y una terrible simulación. México está peor que antes.

El fraude electoral es la intervención ilícita de un proceso electoral con el propósito de impedir, anular o modificar los resultados reales. Son acciones que atentan contra la legalidad de la democracia.

Quisiera reproducir extractos que publicó la Revista Proceso el 11 de septiembre del 2013 del trabajo de José Gil Olmos titulado un siglo de fraudes.

Es cierto: Los fraudes electorales en México son parte de nuestra historia política y han marcado etapas importantes desde hace un siglo. En las elecciones de 1910, por ejemplo, el dictador Porfirio Díaz se negó a que se revisaran las boletas como lo pedía Francisco I. Madero para corroborar el fraude que entonces se orquestó para que el general oaxaqueño siguiera entronizado en el poder más años. Al rechazar esta demanda, el movimiento armado comenzó a fortalecerse hasta explotar en la revolución y en unas elecciones extraordinarias en 1911 que ganó Madero.

En 1929, cuando Plutarco Elías Calles ya había formado el Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRI, José Vasconcelos denunció el fraude con documentos y pruebas. El caudillo ya dominaba el mundo de la política mexicana y la denuncia del exsecretario de Educación fue rechazada, ante lo cual Vasconcelos lanzó el Plan de Guaymas proclamándose presidente electo, desconociendo a las autoridades y convocando a una nueva revolución. El plan no prosperó y Vasconcelos salió exiliado rumbo a Estado Unidos.

La tradición del dedazo para elegir al candidato y en automático al sucesor presidencial se fortaleció al mismo tiempo que el partido en el poder. En 1940, después de hacer a un lado a Francisco José Mujica, el general Lázaro Cárdenas puso como candidato al general Manuel Ávila Camacho, quien compitió contra Juan Andrew Almazán lanzado por el Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN).

La historia registra que el día de las elecciones hubo fraude y enfrentamientos entre seguidores de ambos personajes. También represión del ejército y la policía con un saldo 30 muertos y 158 heridos en la ciudad de México. Al final Ávila fue ungido presidente con 95% de los votos y Almazán fracasó en un intento de revuelta.

Hacia las elecciones de 1952, con el PRI ya formado y controlando todas las instituciones, Adolfo Ruiz Cortines llegó a la presidencia con denuncias de fraude por parte de Miguel Enríquez Guzmán, postulado por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM) y Vicente Lombardo Toledano por el Partido Popular. La misma tónica se mantuvo en los procesos electorales presidenciales hasta que el fraude se hizo más evidente en 1988, cuando Carlos Salinas llegó al poder tras la famosa “caída del sistema” imponiéndose a Cuauhtémoc Cárdenas quien denuncio el fraude.

Fue en ese año cuando el panista Diego Fernández de Cevallos convalidó el fraude desde la Cámara de Diputados apoyando la quema de las boletas electorales que demostraban el fraude con el que ganó Salinas de Gortari. A partir de entonces el PAN y el PRI juntaron sus voluntades para ocultar el engaño tramado desde el poder para mantenerse en la silla presidencial. Eso fue lo que pasó en 2006 con Felipe Calderón.

En la larga historia de los fraudes en México, lo nuevo o lo novedoso es que no se trataba del PRI sino del PAN, cuyo candidato Felipe Calderón, llegó a la Presidencia entre severas sospechas en la legitimidad de su triunfo.

Andrés Manuel López Obrador ha sido el personaje que más ha insistido en los fraudes electorales en el país, en sus dos elecciones de 2006 contra el panista Calderón y en 2012 frente al priísta, Enrique Peña Nieto. AMLO señala a una “mafia” del poder y en el poder.

Lo que se vive hoy en el Estado de México no es nuevo. Del Mazo obtuvo un millón 942 mil 963 votos, esto es el 33.70 por ciento, mientras que Delfina sumó un millón 776 mil 347 sufragios, es decir, 30.81 por ciento, lo que le lleva a la segunda posición en estas elecciones, con el 97 por ciento de las actas capturadas según el PREP del Instituto Electoral del Estado de México.

Tras los resultados de las elecciones, Morena, PAN y PRD denunciaron que el PRI, desde la Presidencia y el gobierno federal, apoyaron una “elección de Estado” para imponer a Del Mazo en el Estado de México, primo de Peña y su territorio natal. Morena, partido dirigido por el dos veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, declaró que impugnará los resultados porque el fraude electoral es evidente y fue un “descontón” del órgano electoral a su candidata a gobernadora

Lo que en realidad se recicla es la tradición del fraude electoral en México, esa costumbre que ya lleva más de un siglo de no permitir la limpieza de los procesos electorales y ponderar los intereses políticos y económicos de una clase dominante. Y lo peor del caso es que todo indica que dicha costumbre seguirá siendo el sello de la clase política mexicana, independientemente del partido que gobierne.

Los errores fueron míos, los aciertos de Dios, sonría, sonría y sea feliz

almepa10@yahoo.com.mx