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miércoles, 12 mayo , 2021

Doña Lupita, la YouTuber que lleva la gastronomía de Costa Chica a nivel mundial

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Alondra García Lucatero
Soy licenciada en Administración de Empresas con Especialidad en Comercio Internacional pero me dedico a la profesión más hermosa del mundo: EL PERIODISMO.
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  • Su hijo le abrió un canal de YouTube el 12 de octubre de 2019, y su primer video, dos días después, acumula 934 mil 580 reproducciones 
  • Hace dos semanas subió el video titulado “Estrenando mi cocina haciendo un sabroso guisado”, y fue número 18 en tendencias a nivel nacional 

Alondra García 

En la época del internet, doña Lupita puso de moda el metate. Con una estufa de barro, la abuelita guerrerense lleva la gastronomía de Costa Chica a millones de personas a nivel mundial.  

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A sus 74 años, esta campesina de piel tostada se convirtió en una estrella de YouTube.  

Sus videos de cocina tradicional han sido reproducidos por 27 millones 644 mil 102 usuarios de la red social.  

La señora Guadalupe nació en 1974 en un pueblo llamado Arcelia, perteneciente al municipio de Azoyú.  (Foto: Youtube)

Su canal cuenta con 228 mil suscriptores de todas partes del mundo, que cada semana esperan una nueva receta desde su humilde cocina de barro y leña.  

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A doña Lupita la fama le llegó de repente, en cuestión de semanas y sin buscarla.  

Su hijo le abrió un canal de YouTube el 12 de octubre de 2019 y subió su primer video dos días después, titulado de una manera simple: “Haciendo tortillas de maíz a mano en comal de barro con leña”.  

Hoy el video acumula 934 mil 580 reproducciones. 

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Así, sin querer y sin esperarlo, doña Lupita comenzó su ascenso a la fama. 

“Estaba echando tortillas, mi hijo me grabó, lo subió a YouTube y ahí me empezó a ver la gente”, recuerda. 

Pero eso forma parte de su vida cotidiana. 

“A mí de por sí me gusta echar tortillas, atizarle a la lumbre, siempre estoy cocinando en la lumbre, echando tortillas, guisando, haciendo frijoles, aunque sea, a ver qué hago, a mí de por sí me gusta cocinar”, cuenta la abuelita costachiquense, que a pesar de su fama internacional sigue trabajando como ama de casa. 

Actualmente, la reconocida cocinera es ama de casa, se dedica a cocinar y hacer quehacer en su hogar.  (Foto: Youtube)

En los últimos 15 meses ha subido 99 videos a la red social. El más famoso es su receta de pipián de pollo de semilla de calabaza, subido el 09 de marzo de 2020, que alcanzó 1 millón 417 mil 041 reproducciones.  

Hace dos semanas, el video titulado “Estrenando mi cocina haciendo un sabroso guisado” fue número 18 en tendencias a nivel nacional. 

-Una historia de lucha 

Doña Lupita es una mujer de cuerpo delgado y piel tostada. Su cabello lacio, prolijamente peinado en un chongo, sus blusas floreadas y su mandil de tela reflejan la imagen de la mujer rural. 

“Hola, qué tal, yo soy doña Lupita”, así comienza todos sus videos, con una voz dulce y un acento singular que generan ternura en quien la escucha. 

Quizá por ello, sus seguidores siempre le dejan mensajes de cariño y le preguntan por su historia de vida.  

Nació en 1974 en un pueblo llamado Arcelia, perteneciente al municipio de Azoyú.  

De su infancia recuerda que le gustaba jugar con muñecas de palo.  

“Había juguetes, pero no había dinero (…), entonces agarrábamos los palitos y los vestíamos como muñeca; otros días hacíamos barrito, cazuelitas, ollitas, ahí nos pasábamos no más de medio día”, relató en el último video subido a YouTube, en el que habla sobre su vida. 

No tuvo la oportunidad de estudiar, su pueblo era pequeño y alejado, así que los maestros no querían ir.  

“Yo quería estudiar, pero no había escuelas ni maestros”, lamentó la abuelita. 

Por ello, cuando tuvo edad suficiente comenzó a ayudarle a su madre en la cocina. Lo primero fue echar tortillas para su papá.  

De su padre cuenta que “fue carpintero, albañil y campesino”.  

“Fuimos seis hermanos: cinco mujeres conmigo y un hombre; le echábamos la mano a mi papá, él sembraba frijol, maíz y nosotras íbamos a ayudarle, unas se quedaban con mi mamá y otras iban al monte con mi papá”.  

Sin duda, su recuerdo “más bonito” fue cuando su madre le festejó los 15 años.  

“Estrené mi vestido, mi mamá hizo mole de totol (guajolote); antes había tocadiscos dedicados a la persona para cuando eran sus 15 años y me dedicaron mis amigas, mi comadre, mi familia. Hicimos la comidita, yo me vestí de mis zapatos que me compró mi mamá y feliz estuve porque me hicieron mis 15 años, es lo que recuerdo más yo, que me hicieron mis 15 años, me dedicaron mis mañanitas, mi gente, mis vecinos, mi comadre”, recuerda doña Lupita.  

A los 16 años se casó con un joven de 18, después de todo un ritual de convencimiento típico de su pueblo.  

“Cuando me pidieron (el novio) fue donde mi papá, mi papá le puso un mes para que fueran a saber si sí o no (…), dejaron dos botellas, dos cajas de cigarros, dos de cerillos; entonces se cumplió el mes, fueron, mi papá dijo de aquí en 15 días van a dar el sí, entonces se llegaron esos 15 días, dimos el sí, le preguntaron al novio si estaba de acuerdo que se iba a casar conmigo, después me preguntaron a mí si estaba de acuerdo en que me iba a casar con él y todos dijimos que sí”.  

La familia del novio dejó más botellas de licor y cartones de cerveza y 23 días después se casaron por la iglesia.  

“Mi mamá y mi papá estaban bien contentos porque me pidieron, yo me casé, salí de la Iglesia con mi vestido blanco y mi esposo y la gente de él me quisieron también y muy alegres estaban que me casé, porque antes se pedía, se alegraban el papá con la mamá porque (a la hija) la pidieron; ahora ya no están esas costumbres, pero yo sí, me pidieron”, expresa doña Lupita con orgullo.  

Tuvo ocho hijos, tres de ellos murieron; su primera hija falleció de sarampión porque, en aquellos años, no había doctores ni medicina en su pueblo.  

De su esposo, contó que trabajaba como campesino sembrando maíz, frijol, ajonjolí y jícama.  

“Yo le iba a ayudar, como no había dinero para echar peón, así nosotros lo ayudábamos, cuando mis hijas estaban grandecitas iban a ayudar también ellas (…), ya cuando levantábamos la cosecha lo íbamos a ayudar, desgranábamos el maíz, cosechábamos todo, veníamos a vender a Azoyú, comprábamos ropa para mis hijas, la comida, jabón, todo lo que ocupábamos y ya pues así otro año más sembrábamos más y cosechábamos más y pues así pasábamos la vida”.  

Después, doña Lupita, su esposo y sus hijas migraron hacia Acapulco a buscar trabajo, él como peón de albañil y ella como cocinera y mucama.  

Ahí conoció a una pareja que le propuso comprar una máquina para que ella y sus hijas cosieran ropa.  

“Entonces fui y saqué una máquina y empezaron a coser mis hijas y ya entregaba las costuras con el señor, pero después vi cómo hacía el señor, cómo cortaba (la tela) y cómo hacía todo, entonces sí dejé yo de coser con el señor, empecé yo a cortar la tela y mejor mis hijas cosían y yo me iba a vender, pero ya era mío y así yo con mi esposo íbamos a vender a las playas y mis hijas cosiendo”. 

Durante 15 años permanecieron en Acapulco y ahorraron cuanto les fue posible. Después regresaron a Costa Chica y se establecieron en Marquelia, donde compraron un terreno y construyeron una casa humilde.  

“Mi esposo ya no vive, hace siete años murió de diabetes, él cuando estaba bueno vendía raspados, andaba ahí vendiendo sus raspaditos, llegaba y así así se enfermó, pero ya no le pude, lo llevé con el médico pero tampoco ya no pude componerlo porque dijeron que ese diabetes es muy malo, que se muere la gente, se le pudrió el pie y me quedé triste cuando él murió, me quedé triste con mis hijos, pero la gente aquí de por sí sale más adelante y gracias a Dios que yo estoy bien, estoy con mis hijos”, contó doña Lupita. 

Actualmente es ama de casa, se dedica a cocinar y hacer quehacer en su hogar.  

“Me levanto a las cinco de la mañana, tomo mi café, barro, lavo mis trastes, lavo mi nixtamal y empiezo a moler, me gusta hacer quehacer de por sí, no me gusta estar sentada mucho tiempo, de por sí estoy acostumbrada a hacer quehacer, así cuando me acuesto en la noche hasta me cae bien el sueño”. 

Después de un año de convertirse en Youtuber, doña Lupita dice que se siente feliz.  

“Estoy muy contenta porque la gente me ve y dice que hago buena comida… y me van a seguir viendo porque voy a seguir haciendo comida”.  

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