Alejandro Mendoza
El ser humano es como la hierba del campo y la gloria del ser humano como la flor de la hierba, la hierba se seca y la flor se cae. Este pensamiento ayuda a entender que la vida es corta. La vida tiene un tiempo. La vida es como la neblina, un tiempo está y luego ya no está. Pero, desafortunadamente, hay quienes creen que vivirán siempre físicamente en este mundo.
Las circunstancias que le han tocado vivir a esta generación, son bastante terribles y retadoras para cualquier persona que vive diariamente la faena de salir adelante y hace el esfuerzo por progresar. De por sí, la vida en sí misma implica un verdadero reto desde el momento en que millones de espermatozoides luchan por llegar al óvulo de la mujer y nacer.
A lo largo del viaje por la vida mientras crece la persona enfrenta obstáculos y barreras que tendrá que superar para ir formándose un criterio, un pensamiento, un estilo de vida, un cúmulo de experiencias, que lo pueden convertir en un buen o mal ser humano que sirva de instrumento para el bien o el mal.
Hay expresiones y pensamientos que alientan a las personas a que vivan su vida como quieran y que disfruten todo lo que esta vida ofrece de manera alocada e inconsciente, pero ese camino, en muchas de las ocasiones, conduce sólo a la destrucción. Muy pocas personas viven para contarlo.
Aunada a esta filosofía se alienta a hacer maldad a otras personas con el único propósito de hacer dinero rápido o vivir con la destructiva ilusión de los lujos. Son raros los casos en donde la condición psicótica de la persona la lleva a actuar a esa forma por placer de ver sufrir, destruir o matar a un ser humano.
La realidad que vive la sociedad inmersa en un espiral de violencia de todo tipo, psicológica, física y verbal, tanto individual, familiar y colectivamente, da cuenta de la condición del ser humano.
Hay quienes justifican que las condiciones socioeconómicas y culturales de un individuo son factores determinantes que propician este tipo de escenarios de vida. Y además influyen los efectos emocionales y psicológicos que ha tenido a lo largo de vida. También hay quienes consideran como elemento importante la presión influyente que hacen grupos de personas organizadas para cometer toda clase de maldades, ofreciendo ilusamente una vida con riqueza y lujos.
La exacerbada y virulenta violencia que se vive a causa de palabras como control, poder, territorio, riqueza y odio, parece no tener fin. Y es aquí cuando parece tener justificación la expresión: el amor al dinero es el origen de todos los males.
Desde luego que dejar un legado generacional es un buen propósito y hasta necesario, cuando éste está plena y conscientemente ligado a la verdad, a la justicia y al bien de la humanidad. Robar, matar y destruir al ser humano, es el propósito esencial de la maldad.
En este contexto, se debe entender que la vida es corta. Sea rico o pobre, la vida tiene un final. Sea poderosa o débil, la persona tiene un tiempo para hacer cosas en este mundo.
El ser humano debe vivir una vida plena en libertad y paz, conducida por los valores y principios universales más fundamentales, que a lo largo de la eternidad han existido como una estrella guía, con el fin de dar un verdadero sentido a la existencia de la humanidad como una comunidad de hombres y mujeres capaces de vivir de manera civilizada y edificada en armonía, amor y respeto.
Los errores fueron míos, los aciertos de Dios, sonría, sonría y sea feliz
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