Alejandro Mendoza

Cuando el escenario parece más oscuro y sin salida, es cuando la persona es sometida a prueba. Es en ese momento cuando lo que tiene la persona por dentro, aflora. Hay quienes se quedan en el proceso, no lo superan. Y la derrota y la frustración están a la puerta esperando.
La fe es la seguridad o confianza en una persona, cosa, deidad, opinión, doctrinas o enseñanzas de una religión. También puede definirse como la creencia que no está sustentada en pruebas, además de la seguridad, producto en algún grado de una promesa.
Partiendo de tales descripciones, en la actualidad la gran mayoría parece haber perdido la fe. En tiempo electoral como el que se vive es muy difícil que la gente crea, confíe o sea fiel a algún partido político o persona. Y es que las causas parecen justificadas por la constante traición y deslealtad.
Sin embargo, la capacidad de una persona debe estar más allá de sus propias opiniones y condiciones al punto que le permitan superar toda situación adversa inesperada. No se puede actuar por sentimientos o emociones, sino a partir de una conciencia motivada por el bien colectivo.
Uno de los motores para seguir adelante en toda circunstancia de la vida es la fe. Tal recurso se necesita en todas las actividades del ser humano y en todas las áreas de una sociedad, sea política, económica, social, cultural, deportiva, religiosa, etc.
El escritor judío Pablo enseñó que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. La fe es un principio de acción y de poder. Cuando una persona se esfuerza por alcanzar una meta digna, está ejerciendo la fe, porque demuestra su esperanza en algo que aún no se puede ver. 
Expresiones como “ten fe, todo saldrá bien” son usadas comúnmente para apoyar o tranquilizar a quienes enfrentan problemas difíciles o situaciones angustiantes.
La persona sin fe va a la deriva de las circunstancias de la vida, siempre dudando del futuro, dejando que el presente se vaya sin ser nada productivo. Y en la actualidad la generación de jóvenes denominada como “ninis” es un claro ejemplo de la perdida de este motor que mueve a derribar montañas y superar obstáculos.
Las graves situaciones económicas, la pobreza, la violencia, la inseguridad, la falta de empleo, la desintegración familiar, el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución y otros muchos males más, impactan terriblemente en la fe de las personas.
Y tal condición se agrava todos los días con la corrupción de los gobiernos, políticos e instituciones, así como con la indeseable levedad del ser humano que se traduce en ambición, vanidad, egolatría, egoísmo, codicia, avaricia, mentira y todas las demás conductas que se le pueda ocurrir.
La escasez del dinero mina la fe de las personas. Las angustiantes situaciones financieras de miles de familias matan la fe de la generación actual y futuras, al menos que haya quienes decidan romper ese cerco asfixiante. Al menos que haya quien renuncie a esas cadenas y ataduras por medio de la esperanza de que las cosas pueden ser mejores si se tiene fe que eso puede ser posible.
Los errores fueron míos, los aciertos de Dios, sonría, sonría y sea feliz
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