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jueves, 7 julio , 2022

Lectura Política / Noé Mondragón

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 La UPOEG y sus fines

 

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Noé Mondragón

 

La Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), surgió a raíz de la inseguridad en la entidad. Se ofertó como una policía ciudadana, ante la evidente y recurrente crisis en materia de seguridad por parte del Estado. Y en ese carril ha mantenido su divisa, con ciertos altibajos y contradicciones, en función de que resulta extraña y atípica su forma de operar. Se mide así: en algunos lugares y municipios en donde el fenómeno delictivo se dispara –como Acapulco, Iguala, Chilpancingo y Chilapa—, no actúa ni opera. Y aparece en otros donde el delito existe, pero no en los mismos niveles. Basta con observar la radiografía para entenderlo mejor.

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UPOEG: OPERACIÓN SOSPECHOSA.- En la sierra del municipio de Chichihualco, la UPOEG se enfrentó a balazos presumiblemente, con un grupo delictivo. Derivado de lo anterior, uno de sus miembros se encuentra desaparecido. Y existe temor entre la ciudadanía serrana ante estos cruentos acontecimientos. Pero no es la primera vez que la UPOEG le atiza a la polémica. Y se lee así: 1.- En el municipio de Tierra Colorada –Juan R. Escudero—, la UPOEG confrontó a la ex alcaldesa panista de ese lugar, Elizabeth Gutiérrez Paz. La señaló de mantener vínculos y entendimientos con la organización delictiva Los Rojos. Fue la constante durante todo ese trienio. Muchas las acusaciones, las amenazas y los hechos de sangre. Algunas fosas clandestinas encontradas en ese municipio. Para darle sesgos de verdad a los señalamientos. Sorprender a la opinión pública. Y también, la utilización política del líder de esa organización, Bruno Plácido Valerio. Una de ellas fue memorable: cuando en los inicios de 2013 fue llevado a un mitin en Tierra Colorada, por el empresario Pioquinto Damián Huato, con el fin de azuzarlo para que entrara con los miembros de su organización, a la capital. Arando sobre la inseguridad y la violencia atribuida al crimen organizado. Lo que Pioquinto quería con ello, era dañar la imagen del ex edil capitalino tricolor, Mario Moreno Arcos. Sin pruebas contundentes al respecto, al final las cosas se desvanecieron de forma natural. Y Plácido Valerio se quedó a un paso de meter la pata. 2.- En la región Costa Chica, la UPOEG tuvo muchas y variadas diferencias con otra organización de presuntos policías comunitarios: la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC). Fue tal el encono, que indistintamente, cada una acusaba a la otra de estar infiltrada por la delincuencia organizada. Lo único cierto es que el delito no menguó en esa región. Y se les empezó a percibir como organizaciones que recibían línea del propio gobierno estatal, con el fin de mantener distraída la atención de los verdaderos problemas en materia de seguridad pública, que estallaron por todos lados. Y que culminaron con los sangrientos hechos de Iguala. 3.- Resulta extraño que, justamente después de que el priísta Héctor Astudillo Flores, tomara protesta como gobernador de la entidad, la UPOEG se trasladara desde la Costa Chica y Tierra Colorada, hasta la sierra de Chichihualco, donde su fuerza y presencia no estaban arraigadas, como en los dos lugares mencionados. Y que en ese contexto, ocurriera el enfrentamiento a balazos con su consecuente final siniestro. Un dato permite atar cabos al respecto: cuando la UPOEG quiso entrar a la Tierra Caliente –por un bloqueo que algunos ciudadanos realizaron en la población de Ahuehuepan, con motivo de la inseguridad y la violencia que crecía—, sencillamente no la dejaron pasar las autoridades. Tampoco pudo hacerlo en Iguala, tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Entonces: ¿por qué razón la UPOEG sí pudo entrar en la sierra de Chicihualco? ¿Persigue de verdad un fin encaminado a resguardar a la población serrana de la violencia? ¿O son otros los intereses los que la mueven? Bruno Plácido tiene sin duda, mucho que aclarar.

HOJEADAS DE PÁGINAS…Como si no fuera suficiente con el problema de la inseguridad y la falta de atención a las principales avenidas de la capital, el edil de Chilpancingo, Marco Antonio Leyva Mena, sigue sin dar una. Porque esta vez fueron los trabajadores de limpia los que terminaron exhibiendo su ausencia de sensibilidad, al pretender rasurarles el pago de sus horas extra laboradas. Sin duda, el edil capitalino es de lento aprendizaje. 

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