Federico Sariñana

TLAQUITENANGO, MORELOS.— Cenizas cayendo del cielo nublado. “Escenario del adiós”, según algunos. Las cenizas que quedan de un gobierno. Las cenizas de la quema de la caña.
Penúltima gira del presidente Enrique Peña Nieto: la inauguración de la Autopista SXXI Puebla-Acapulco. Una de las más importantes en esta zona del país en años, quizá décadas porque enlaza ambos lugares en tres horas y media.
El adiós está cerca. Los estrictos y numerosos filtros del Estado Mayor Presidencial (EMP), quedaron en el recuerdo. Todo es más relajado.
Puntual pero apresurado, Peña arriba y comienza su show: saludos, besos, abrazos, palmadas en el corazón y brazo extendido, selfies (“ya soy experto”, presume mientras manipula con una mano el teléfono).
“¡Peña!, ¡Peña!, ¡Peña!”, se escucha tímidamente.
“Saludamos la presencia de Cuauhtémoc Blanco Bravo, gobernador de los Estados Unidos… (¿Mexicanos?) de Morelos”, trastabillea la conductora.
— ¡Faltan seis años! Grita un morelense… o americanista.
Tras la presentación del gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, sonrisas y abrazo del presidente Peña.
— Traes porra, gobernador – Le dice en corto ante la evidente bulla.
— Así somos en Guerrero – Revira Astudillo.
El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza informa los números de la obra: inversión $2,800 millones de pesos, cerca de 10 mil empleos directos e indirectos y cuatro años para 62 kilómetros que unen la Autopista del Sol con la vía Atlixco-Puebla.
— ¿A cuánto el kilómetro? – Pregunta alguien que intenta sacar cuentas.
— Con que no sea como el socavón (del libramiento exprés de Cuernavaca)
El presidente luce relajado. Se despide y presume logros de su gobierno: asegura que deja un México mejor al que recibió hace seis años. Presume 4 millones de empleos generados en su sexenio, el mayor número de la historia, lo que permitió “estabilidad e inversión”.
Parece mensaje.
Ejemplifica el tema de la conectividad carretera.
— El gobernador de Puebla, Tony Gali recorrió la Autopista desde Puebla hasta Acapulco, a donde fue a pasar su cumpleaños y lo hizo en tres horas veinte minutos.
Ibas rápido gobernador, porque el tiempo estimado es de tres horas y 40 minutos. ¡Menos mal que no lo vieron los policías federales aquí presentes!
— Por eso –remata Peña— vamos a darles estas nuevas patrullas. Al tiempo que señala una flotilla de unidades que serían entregadas minutos después.
Tan relajado luce el presidente que improvisa chistes y arranca risas auténticas.
Aprovecha para reconocer a la Policía Federal y desear éxito al próximo gobierno.
Palmada al corazón y brazos extendidos.
El adiós de un gobierno con los peores niveles de aprobación.
Se acaba: el evento y su mandato.
Aún hay cenizas, pero parece que el sol comienza a salir.
Ojalá así sea.